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Batalla por conservar la escuela laica y gratuita en Francia --- nº 45 PDF Imprimir E-Mail

Resistencia y desobediencia profesional y cívica

Manuel Ballestero

A algunos, pocos por fortuna, les parecerá una iniciativa demagógica; a otros se les antojará poca cosa; ésta es sin embargo la posición  que muchos profesores en Francia adoptan contra las medidas maltusianas y de destrucción de la Escuela de la República, general, gratuita y laica del ministro de Educación de Sarkozy. Tratan, en efecto, de diversificar y de renovar los modos de intervención, que en modo alguno contradicen los tradicionales (huelgas, manifestaciones, ocupación  de centros de manis_en_paris_antiguas.jpgEnseñanza), sino que completan la panoplia  de los modos de lucha y que por eso hacen posible extenderla a nuevos sectores sociales (padres de alumnos), sobre la base de una convergencia activa con los sindicatos y con las asociaciones ciudadanas.
Los profesores, que entran en un amplio movimiento de resistencia, han elaborado una carta a los inspectores de Academia en la que declaran, con visión acertada del lance: “Con plena conciencia profesional, nos negamos a obedecer”. El movimiento, como una mancha de aceite, se extiende por todo el país, echando mano además de los nuevos  medios de comunicación existentes, como “el sitio Internet  por el futuro de la Escuela”, en un inteligente contraataque, cara a la arrogancia y al autismo del ministro Darcos.
   Se trata, como acabo de decir, de la reactivación y el reforzamiento de  la lucha de toda una serie de sectores sociales, que palmariamente se enfrentan con la política restrictiva de un poder, que para favorecer la privatización de servicios fundamentales (escuela, sanidad, alojamiento), y respondiendo a los  intereses y políticas del “Capitalismo monopolista de Estado”, desmantelan por vía fiscal o presupuestaria los derechos de los ciudadanos; y esto precisamente ahora, cuando se cumplen los 60 años de la Declaración de los Derechos del Hombre.
  Fulgurante convergencia de sacudidas sociales y de declaraciones de derechos en el camino de las confrontaciones necesarias para llevar a la realización de  principios, que, quedándose en su forma declarativa, son purísimamente abstractos. Viene aquí como de molde la undécima tesis de Marx: que la filosofía ha interpretado el mundo de muchas maneras, “se trata de transformarlo”.Ahí está el quid de la muy célebre Praxis -el trabajo-, como raíz y origen del pensamiento.
  manis_en_paris.jpgMarx, como hemos escrito aquí y allá con frecuencia, arranca en su “filosofía” (que la tiene, como intentó  mostrar Lukacs durante toda  su vida y su trabajo verdaderamente intelectual – ése, sí-) de “los individuos que producen socialmente” (Grundrisse, Dietz, 1974, 5). Eso explica y fundamenta esa resistencia y esa desobediencia profesional de los profesores franceses, porque como escribió el “malsonante” Hegel :”El espíritu no ha de buscarse más allá de las estrellas; su destino es hacerse mundo”.
  En este horizonte de comprensión y de pensamiento, la desobediencia, lejos de ser o demagógica o poca cosa, es uno de los modos de impugnar y combatir también, ese Capitalismo monopolista de Estado que Evgeni Varga, en el trabajo del final de su vida, “El Capitalismo del siglo XX” (Moscú 1964), define como sigue: “Su esencia consiste en la unión de las fuerzas de los monopolios y del Estado burgués”. Varga, “un profeta discutido” (Le Monde de Paris, 10, de octubre de 1964); lo traigo a colación para que no quepan dudas acerca del hombre, Varga, que dio a conocer la carta-testamento de Lenin de 1923.

 

 
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