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Las aportaciones del caló al castellano PDF Imprimir E-Mail

Blas López-Angulo

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  De los signos exteriores de un “odioso particularismo” - escribe Bernard Leblon en su obra “Los gitanos españoles”-  que representaban el traje, la lengua y el nombre mismo de los gitanos las autoridades buscaron a fuego y sangre erradicarlos. El listado de palabras expuesto muestra como esta raza perseguida poseía una lengua propia tantas veces negada o equiparada a las jergas de la germanía. Repárese en el María Moliner al definirlas: “Argot de la gente maleante formado principalmente por palabras de sentido traspuesto, palabras españolas desfiguradas y otras extranjeras castellanizadas. Jerga de los gitanos. Caló.”
  Por mucho tiempo no se reconoce culturalmente al pueblo gitano ni tampoco el estatus homologable de su lengua. Lo cual hubiera contradicho los fines de políticas secularmente racistas. Se les condena a una vida marginal tendente a su desaparición. Se impedía al caló (pálido reflejo de su idioma originario, el sánscrito y el que se llevaron en el momento de su partida desde la India, como ya está acreditado) servir de legítimo instrumento y, en parte, transcendental para desarrollar un modo de vida independiente, diferente y resistente. Y todo ello dentro de un contexto histórico que otorga una especial relevancia, cada vez mayor, a la lengua como signo identitario fundamental para el reconocimiento de los pueblos sin estado como nación.
  La realidad, hoy en día, demuestra que desgraciadamente fue así. Su lengua, primero, debió de adaptarse  a la morfosintaxis y reglas fonéticas de la cultura dominante,  hasta dejar de hablarse propiamente dentro de la comunidad gitana en un largo proceso de aculturación.  Los más de 200 préstamos reconocidos por el DRAE, más o menos los de la lista de arriba dan prueba de hermosos vestigios. A veces, han aportado y aportan, si no esplendor, sí gran fuerza expresiva y naturalista a muchas páginas de la mejor literatura española.
A
      Acharar, dar achares (celos), andoba es alguien nombrado despectivamente, arajay (fraile, cura) y arate ya en desuso (humor, sangre, menstruación).
B
    Baranda, como andoba, aunque particularmente, un hombre con autoridad en determinada circunstancia, barbián, un tipo rumboso, pillo, simpático o gracioso, baré, eran los billetes de ¡5 pesetas!, barí (excelente), baró (hombre con mando, como baranda, aunque esta última despectivamente), bato (padre), batorre, batorri (padrino, madrina respectivamente), biruji -una corriente de aire-, bocata (aunque no lo sea lexicalmente), bofia (policía), boliche (garito, casa de juego), boqui (apetito), bujarra, bujarrón, tomado del italiano, pero con una raíz como bul y bullate (culo), bulo, burda (puerta), burel (toro), butrón.
C
    Calé, caló, calorro, camelo, camelar: enamorar, querer, aunque se usa más como convencer o engañar con adulaciones o halago; cangallero (carretero), cangrí (cárcel), canguelo, cañí, cate, catear, cipote, (dar) coba: (zalamería), cuezco (rilo: pedo), curda/curdela (borrachera), curra (paliza), currante, currar, currelar, currelo, currito, curro, chachi, chai (prostituta joven), chanchi, chaval, chavea, chavó, chaladura, chalado, chalarse, chamullar (tener conocimiento o entender, hablar), chanada (granujada), chanar y chanelar (saber o entender -de algo-, charrán (de or. árabe: pillo, tunante), charranada, chepa (origen aragonés), chepo (protuberancia como la chepa, pero por delante: seno, glándulas mamarias, o en una palabra, tetas), chichi (cara, fisonomía, rostro, aunque ha derivado en lo que Ud. y yo sabemos), chinar (cortar, de ahí chinaor o chinaores, de actualidad en los metros de Madrid), chinorri (niña), chingar (en caló pelear, fastidiar, beber mucho y sí...eso también, transitiva e intrasitivamente), chipén y chipendi (estupendo y veraz, respectivamente: de chachipén, verdad, verdadero, por eso el sentido de algo tan coloquial como chachi), chiscón (taberna), chivato, chola (cabeza), chorar (robar), chori (choro), chorizada, choricear/chorizar, choriceo, choricero/ chorizo (no referido al famoso embutido español, sino a la anterior raíz caló –choro- y sus derivados), choro, chucháis (pechos), chulé/chulí (los duros que valían 5 pesetas), chunga (guasa), chunguearse, chunguero/chungón, chungo, chuquel (perro), churi (navaja), churumbel, chusquero.
D
    Dabuten, de bute(n), debla: canción popular andaluza, de carácter melancólico y con copla de cuatro versos, dengue (diablo, diantre) dicar y diquelar (ver,mirar u observar),  diñar(sela), diñelar (ofrecer), duca (fatiga, pena).
E
    Encalomar -someter (a alguien) a la acción de la policía o de la justicia- encalomársela, copular con ella, encalomo, endiñar, espichar, estache (sombrero), estaribel (cárcel).
F
     Fané (feo, triste, agotado o cansado), fetén (muy bueno, ya menos usado que chachi, pero idénticos semánticamente) ful (falso, fallido), fulastre (chapucero, hecho farfulladamente), fulero (persona falsa, embustera), fusca-fusco (pistola).
G
      Gachí, gachó, garito (casa o edificio para habitar. No confundir con garita, que es francés antiguo), garlochí (corazón), gel (burro), geta, gil (tonto o idiota), gili, gomarrero (ladrón de gallinas, ya en la época de El Lute era raro), guipar (mirar), guma (gallina), guripa (de kuripen, soldado, guardia municipal; tipo o individuo, individuo tonto; también golfo o pillo).
J
    Jai (joven y atractiva), jalar, jamar, jeró (cara), jarana, jayeres (dinro), jinda-jindama (miedo, cobardía), jiñar, julai (tipo o individuo, bobo o incauto, novato, homosexual), julandrón (como julai, víctima fácil, aún más despectivo), junar (ver), juncal (gallardo y airoso), jundo, jundunar (guardia civil, soldado).
L
    Lacha (vergüenza -sentimiento-), lila (tonto o memo, homosexual), lipendi, longui (locución hacerse el longui -el distraído-), lumi (concubina), lumia (puta).
M
    Magué (miembro viril, pene), majara, majareta, mangancia, mangar, mangante, mangui-manguta, mangurrino (ignorante), manú (hombreo individuo), menda, mengue (diablo o demonio), molar, molón, mollate (vino común -de mol (vino)-, botella, tarro), (achantar la) mui (cerrar la boca).
N
    Naja (salir de), najarse (huir precipitadamente), nasti de plasti (imposible, de ningún modo. Curiosamente, nombre de un legendario cómic underground español de los 70, ya que por esos años era muy usada la expresión).
P
    Palmar (perder, terminar), pañí (agua), pañí de muelle (de sifón), parguela (maricón, o afeminado según el DRAE: “Fam. And. Parecido a una mujer en su persona y en sus maneras”), (hacer el) paripé, parné, parranda, payo, pelé (testículo), peñascaró (aguardiente), pesquis (inteligencia o perspicacia), piltra, pimpi (embaucador, seductor), pinrel, piño, pira, pirado, pirandón (juerguista, golfo o sinvergüenza), pirar(se-las), pire, piri (cocido -guiso o comida-), piro, pitingo (presumido), postín (lustre, brillo, importancia), postinear, postinero (que se da postín), privar (beber), pureta (de puro -puré- viejo), puri y purilí, raros (vieja).
Q
    Quel (casa), quilar (realizar el acto sexual -con alguien-. Verbo transitivo, pues),
R
    Randa, (ya raro, ladrón o ratero)  (a la) remanguillé (de manera descuidada o inadecuada), rilarse (temblar de miedo, acobardarse), rilo (pedo), romaní (ó), rulé (trasero).
S
    Sandunga (gracia o salero), sandunguero, sirla, sirlar  (atracar con navaja), sirlero, sonanta (guitarra), soniche (silencio), ¡sonsoniche! (se usa para pedir silencio, sonsonichar es acallar), sorche/sorchi (soldado que está haciendo el servicio militar), soba (dormido), sobar (dormir).
T
    Terne (valiente), ternejal (valentón), trajelar (comer), trile y trilero (no parecen de origen gitano en cuanto a la procedencia semántica -tres- . Sí, en cuanto a forma y uso), trimurti (raro: en el brahmanismo, trinidad de dioses).
 

 
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