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Virgilio Leret. Una vida al servicio de la República PDF Imprimir E-Mail

Pedro López

  Virgilio Leret, aviador, ingeniero y hasta escritor de novelas que firmaba con el seudónimo “El Caballero azul”, fue el primer oficial republicano asesinado defendiendo con honor una unidad militar del golpe de estado fascista de 1936, y el inventor del primer motor a reacción (“mototurbocompresor de virgilio_leret.jpgreacción continua”, lo denominó él), un avance que él no pudo desarrollar al morir tan pronto.
  Ambos hechos deberían ser motivo de orgullo para este país, dejando de lado cualquier tentación patriotera. Sin embargo, ni cabía esperar el más mínimo reconocimiento de la miseria moral de los vencedores de 1939, ni la democracia ha sabido gestionar nuestro pasado como en otros países. Gobiernos “populares” y gobiernos “socialistas” no han reivindicado ni reconocido a los héroes que defendieron la República. Los primeros, sin atreverse a condenar el franquismo con voz audible; los segundos, sin querer molestar a los primeros, cayendo en el chantaje de “no reabrir heridas” y no refutando el relato franquista de los “bandos”, de la equidistancia y del “enfrentamiento cainita” que no diferencia a los que atacaron el gobierno legítimo llevando a cabo un plan de aniquilación del contrario recurriendo al asesinato masivo, de los que se vieron obligados a ir a una guerra que no querían pero que tuvieron que hacer para defender la legalidad. Cómo su mujer, Carlota O’Neill, otra figura de gran interés, salvó los planos de su invento, cómo fue encarcelada durante seis años por ser esposa de Leret, cómo huyó a Venezuela con sus dos hijas, Carlota y Mariela, es una odisea también digna de conocerse. Carlota escribió hace años el libro “Una mujer en la guerra de España”. Y tanto ella como su hija, Carlota Leret, dedicaron su vida a reivindicar la memoria de su esposo y padre, respectivamente.
  En otra muestra más del desprecio institucional hacia la memoria histórica en nuestro país, Virgilio Leret, solo tiene una calle en un polígono industrial de Parla dedicado a inventores españoles. Ni siquiera en Melilla, donde entregó su vida defendiendo la democracia, han tenido las autoridades locales este gesto más que merecido.
 

 
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