logo

DOS ARISTÓCRATAS REPUBLICANOS PDF Imprimir E-Mail
  En su nuevo trabajo, Arturo del Villar recupera las figuras de Constancia de la Mora y Maura e Ignacio Hidalgo de Cisneros. A continuación ofrecemos algunos extractos de este libro, “Dos aristócratas republicanos”, editado por el Colectivo Republicano Tercer Milenio en su colección Biblioteca de Divulgación Republicana

Arturo del Villar

  La proclamación de la República Española en 1931 fue motivo de alarma para esa ociosa clase social denominada aristocracia. Muchos de sus integrantes se exiliaron, y todos llevaron sus dineros a otros países que les parecían más seguros para sus intereses. Además, se dedicaron a conspirar contra el nuevo régimen elegido por la mayoría del pueblo español, de acuerdo con las instrucciones recomendadas por el ex rey y por los jerarcas de la Iglesia catolicorromana.
   Poconstanciadelamora2.jpgr eso resulta excepcional que una muchacha perteneciente a una familia que ostentaba un título ducal en su apellido, se adhiriese con fervor a la causa republicana, y que durante la guerra provocada por la sublevación de los militares monárquicos se afiliara al Partido Comunista.
Es lo que hizo Constancia de la Mora y Maura, en contra de la postura de toda su familia. Era nieta de Antonio Maura, ministro durante la regencia de María Cristina de Habsburgo por el Partido Liberal, y durante la monarquía de Alfonso XIII por el Conservador, dada su falta de escrúpulos políticos (…)

NIÑA DE CASA ADINERADA


  Conocemos su vida hasta que dejó España para siempre, en febrero de 1939, en busca de la libertad negada a su patria, porque ella misma la relató en un libro autobiográfico que es además un panorama social completo de la vida hispana durante 33 años convulsos. Es una obra apasionada, en la que narró sus experiencias personales en aquellos decisivos momentos de la historia española, desde su ideología al servicio de la democracia, y por eso enfrentada a los enemigos del pueblo, empezando por su propia familia.

  La primera edición apareció en Nueva York en 1939, publicada por Harcourt, Brace and Company con el título In Place of Splendor: The Autobiography of a Spanish Woman. La segunda edición se publicó en Londres en 1940, para Michael Joseph. En castellano hubo que esperar para leerla hasta 1944, cuando los talleres de Adrián Morales, en el Distrito Federal de México, la imprimieron con el título Doble esplendor. Después se tradujo al francés, al italiano, al checo, al rumano, y se editó asimismo en La Habana en castellano, antes de que pudiera ser publicada en España, tras la muerte del dictadorísimo, en 1977.
  Un complemento de este libro es el de su marido, Ignacio Hidalgo de Cisneros, Cambio de rumbo, igualmente autobiográfico, y también editado fuera de su patria, concretamente en Bucarest, pero en castellano, en dos volúmenes, aparecidos en 1961 y en 1964. En España no pudo imprimirse hasta 1977 (…)               

IGNACIO HIDALGO DE CISNEROS


  Aquel mismo año tan celebrado de 1931 conoció Connie al que iba a ser el verdadero amor de su vida, Ignacio Hidalgo de Cisneros y López-Montenegro, once hidalgo_de_cisneros.jpgaños y medio mayor que ella. También pertenecía a una familia aristocrática, vasca y carlista, en que los hombres eran militares y marinos. Tenía seis medio hermanos, hijos de anteriores matrimonios de sus padres: los cuatro varones eran militares, y las dos mujeres se casaron con oficiales de Artillería. Nacido en Vitoria el 11 de julio de 1894, estudió en la Academia Militar de Ávila, y después de tener varios destinos ingresó en octubre de 1920 en Aviación. Por su conducta en la guerra de Marruecos obtuvo dos cruces de primera clase al Mérito Militar.

  Fue uno de los aviadores del cuartel madrileño de Cuatro Vientos que se sublevaron en diciembre de 1930 contra el rey que había perjurado la Constitución. Al fallar el intento por la desconexión con el sindicato socialista, que no organizó la proyectada huelga general, tuvo que refugiarse en Portugal, de donde pasó a París y a Bruselas. En este primer exilio político se relacionó con otros exiliados republicanos, como Indalecio Prieto y Marcelino Domingo, sus amigos desde entonces.
Proclamada la República, regresaron en triunfo a Madrid. El ministro de la Guerra, Manuel Azaña, destinó a Hidalgo de Cisneros a la Escuela de Vuelo de Alcalá de Henares, y así le facilitó el encuentro con Connie, el día en que ella visitó el aeródromo. Connie tenía entonces 25 años, y estaba separada del marido, con una hija de cuatro años. Hidalgo de Cisneros tenía 37 años y era soltero (…)

  Animada por su ideología izquierdista, Connie se afilió a la Organización de Mujeres Antifascistas Españolas, fundada y presidida por Dolores Ibarruri, apodada Pasionaria, en la que también figuraban activistas como María Lejárraga, Victoria Kent o Luisa Álvarez del Vayo. Esta organización realizó una gran labor, sobre todo durante la guerra, como combatientes en la retaguardia, ya que creó guarderías para los niños abandonados, atendió a los milicianos heridos y se ocupó de enviar ropas a los frentes (...)

LA GUERRA CONTRA EL NAZIFASCISMO

  La actitud de Hidalgo de Cisneros resultó decisiva para contener la sublevación en Madrid, porque se ocupó de desmantelar los planes sediciosos en la Escuela de Vuelo de Alcalá de Henares. Conocía a los conspiradores, ya que su primer destino tras la proclamación de la República había sido precisamente esa Escuela, y pudo comprobar cómo recibían los oficiales el cambio del sistema político. En una crónica de la guerra, elaborada en Moscú por historiadores y políticos que la padecieron, se encuentra este comentario:
  En el arma de Aviación, los soldados y la mayoría de la oficialidad permanecieron leales a la República. Los núcleos conspiradores habían sido oportunamente desmontados gracias a la diligencia del Director General de Aeronáutica, Núñez de Prado, del comandante Hidalgo de Cisneros y de otros jefes republicanos. El golpe más sensible asestado a los planes rebeldes en Aviación, fue el desmantelamiento del centro sedicioso de la Escuela de Vuelo de Alcalá de Henares, donde habían concentrado los aviones más eficaces y creado un verdadero arsenal de armas con vistas al alzamiento.
  Eran pocos los bombarderos y cazas de los que disponía el Ejército leal, por lo que en las primeras semanas la actuación de los pilotos fue especialmente heroica, al tener que multiplicarse para defender a las poblaciones agredidas. Después, gracias a la colaboración de la Unión Soviética, que envió aviones y formó en sus escuelas a jóvenes pilotos, la situación mejoró mucho, aunque el número prevaleció sobre la destreza. Debido a méritos de guerra fue ascendiendo Ignacio, hasta alcanzar el grado de general y jefe de las Fuerzas Aéreas Republicanas.
  Por su parte, Connie se puso inmediatamente al servicio de la Junta de Protección de Menores, que le encargó la creación de una guardería para niños abandonados a consecuencia de la guerra, porque sus padres habían muerto o porque se ocupaban de la defensa de su tierra en libertad. Quedó instalada en un antiguo convento de monjas en la calle de Fúcar, transversal de Atocha, donde fueron acogidas ochenta niñas inicialmente. Entre sus compañeras de trabajo estaba Concha Prieto, la hija mayor de Don Inda (...)

CONNIE, EN LA RETAGUARDIA ACTIVA

  En ese desbarajuste generalizado que padecía la España leal, Prieto aceptó una propuesta que le hizo Hidalgo de Cisneros: disponer una casa de reposo, en la que  convalecieran los aviadores heridos. Una vez dado el consentimiento por el ministro, convenció a Connie para que la pusiera en marcha, en el mismo Alicante. Los niños se hallaban perfectamente atendidos en las guarderías, de modo que podía dedicar sus dotes organizativas a esa otra misión, muy necesaria.

  Así lo hizo, con el entusiasmo que ponía en todas las actividades, y pronto hubo en San Juan una residencia de reposo para los aviadores heridos, dirigida por Connie.
  Otra función realizó al servicio del Gobierno constitucional. Hablaba sin dificultad francés, inglés e italiano, por lo que Julio Álvarez del Vayo, ministro de Estado, le propuso en enero de 1937 formar parte de la Oficina de Prensa Extranjera, dependiente de la Subsecretaría de Propaganda en su Ministerio. Allí eran necesarias personas que conociesen varios idiomas. Su misión consistía en leer los reportajes escritos por los corresponsales de prensa extrancartel_aviacion_republicana.jpgjeros, eliminar los datos que pudieran ser útiles al enemigo sublevado, y escuchar las transmisiones telefónicas que hacían a sus respectivos medios de comunicación, para comprobar que se atenían al original (...)

LA ÚLTIMA OFENSIVA

  El general Hidalgo de Cisneros compartía la idea del jefe del Gobierno, el doctor Negrín, sobre la conveniencia de continuar la guerra en España para dar tiempo a que comenzase la mundial, considerada inevitable y además inminente. Pensaban, en consecuencia, que era forzoso resistir cuanto fuera posible.
  El planteamiento era acertado, porque la lógica política imponía que, una vez iniciado el conflicto mundial, Francia y el Reino Unido tendrían necesariamente que apoyar al Ejército Popular contra sus agresores alemanes e italianos, ya que luchaban contra ellos. Lamentablemente, resultó imposible mantener los combates hasta el mes de septiembre, cuando Alemania invadió a Polonia y los dirigentes europeos decidieron que no iban a consentirlo.
  Ignacio preparó una ofensiva aérea, pero todos los planes se frustraron por la traición del ex coronel Segismundo Casado y sus cómplices, entre los que destacaban el ex general Miaja, el socialista Julián Besteiro y el anarquista Cipriano Mera. El 2 de marzo el golpista Casado invitó a Ignacio a comer, para explicarle su deseo de llegar a un entendimiento con los rebeldes y poner fin a la guerra, por lo que le instaba a integrarse en el Consejo Nacional de Defensa que estaba organizando. Como es lógico, no consiguió su propósito.
  La villa de Madrid, que había sido llamada "Capital de la gloria" ante el heroísmo derrochado por sus habitantes, al soportar el asedio de los rebeldes desde octubre de 1936, fue vendida a sus sitiadores por quienes debían defenderla. En sus calles se libró una segunda guerra civil, entre los nuevos rebeldes y el pueblo que defendía su libertad, encabezado por los miembros del Partido Comunista, en primera línea de resistencia, organizada por el coronel Luis Barceló. Parecería un sainete si no fuese una tragedia épica (...)
 
DOS EXILIOS DIFERENTES


  El 1 de abril concluyó oficialmente la guerra con la firma del último parte por el jefe de los rebeldes, pero continuó la sanguinaria represión contra los vencidos. Ese mismo día los Estados Unidos de Norteamérica reconocieron a los rebeldes como único gobierno español. Entre los que festejaban el triunfo rebelde se hallaban todos los familiares de Connie y de Ignacio, que habían apoyado al bando sublevado.
  Connie se instaló en Nueva York, y desde allí siguió procurando ayudar a los republicanos españoles que, como ella, estaban obligados a exiliarse para mantener su libertad. El 8 de julio acompañó al doctor Negrín a la Casa Blanca, invitados por Eleanor Roosevelt, la esposa del presidente norteamericano. Solicitaron su intervención para que el Comité Asesor sobre Refugiados ayudase a los republicanos peregrinos.
  Ese mismo mes de julio concluyó la redacción de sus memorias en inglés, que resultaron un libro grueso: la edición que ese año de 1939 hizo Harcourt, Brace and Company, en la misma ciudad de Nueva York, In Place of Splendor: The Autobiography of a Spanish Woman, tiene 433 páginas. Consiguió una favorable aceptación por parte de los lectores y los críticos, lo que animó a Richard Collins a dirigir su adaptación cinematográfica en 1946, con el mismo título, aunque no con la misma fortuna que el libro (…)

OTRO DIVORCIO

  La armonía del matrimonio duró poco tiempo en el exilio. Aquella unión ratificada oficialmente en 1932, y mantenida en muy duras circunstancias, no alcanzó a celebrar su décimo aniversario: el 15 de mayo de 1941 un juez les concedió el divorcio. La causa alegada fue la infidelidad mutua, por lo que hemos de reconocer que ambos se comportaron como dos pequeños burgueses a esas alturas de su vida. Parece que el divorcio no les afectó a ninguno de los dos.
  Connie se hizo construir una casa en Acapatzingo, en las afueras de Cuernavaca  Allí se reunió con su hija Luli, llegada de la Unión Soviética en noviembre de 1945, con 18 años cumplidos. La vida de las dos era tranquila, porque a pesar de no haber convivido durante los años de formación de la muchacha, se comprendían muy bien,  por compartir unos mismos ideales. Más tarde Luli casó con un joven del lugar, con quien tuvo ocho hijos, y ambos se dedicaron a atender un pequeño rancho.
  Pero la tragedia llegó en forma de vulgar accidente de tráfico, en una pésima carretera de Guatemala. Connie realizaba   un recorrido turístico, cuando el 26 de enero de 1950, la víspera de cumplir 44 años, el autocar en el que viajaba sufrió un accidente, al romperse los frenos, lo que causó numerosos muertos y heridos.
El cuerpo de Connie fue embalsamado y trasladado a su casa de Acapatzingo, donde lo velaron los amigos. El féretro estaba cubierto por dos banderas, la roja con la hoz y el martillo y la tricolor, y con ellas fue enterrado en el cementerio del lugar el 1 de febrero, mientras recordaban lo que significó su persona tres amigos: Wenceslao Roces, María Asúnsolo y Pablo Neruda. La aristócrata republicana comunista fue ignorada también entonces por sus familiares, puesto que para ellos dejó de existir el día de su boda civil con Hidalgo de Cisneros.

   Años después, cuando se reeditó Doble esplendor, Rafael Alberti le dedicó un poema, en el que revivía los años de lucha común por la libertad, y que comienza de esta manera:  

Constancia de la Mora, compañera y amiga:
tantos años pasados y aquí estás nuevamente,
aquí tu vida clara, el difícil camino
valeroso, leal y puro que elegiste.

Tantos años pasados pero que no han pasado.
Revives en tu ejemplo y contigo el de España,
aquel pueblo sencillo viril que acompañaste,
miliciana hasta el día de tu imprevista muerte.

Que no fue servidumbre a temores oscuros
la de tu corazón en las horas amargas.
Fue amor, ciega esperanza, entrega luminosa,
hasta borrar las huellas próceres de tu origen

CON EL RUMBO FIJO
avion_ruso.jpg
  Por su parte, Ignacio Hidalgo de Cisneros regresó a Europa en 1946, y residió en varios países, principalmente en Polonia y en Rumanía. En octubre de 1954 fue elegido miembro del Comité Central del Partido Comunista de España. En Bucarest escribió sus memorias, Cambio de rumbo: el primer volumen apareció en 1961, con 374 páginas que concluyen con la proclamación de la República, y el segundo vio la luz en 1964, con 260 páginas dedicadas a contar la experiencia republicana (…)

  Murió en Bucarest el 9 de febrero de 1966, de un ataque cardíaco, y fue enterrado con honores militares. También le dedicó Rafael Alberti unos versos, pero vamos a recordar las palabras, verdaderamente un bello poema en prosa, con las que María Teresa León lo evocó en sus memorias. Le habla a la que llama la madre España, tantas veces madrastra de sus hijos mejores, como en este caso y en el de los republicanos exiliados a consecuencia de la derrota:
Ignacio Hidalgo de Cisneros era un ilustre hijo tuyo, madre España, y nos duele tanto, tanto, que tus brazos de tierra maternal no puedan recogerlo, abrazando a quien tan bien conocía desde lo alto tus ríos, el color de las laderas de tus montes, la forma de tus valles… que ya no verá más, pues ha muerto desterrado y solo, como tantos otros españoles errantes y solos y tercos en su razón que van dejándose sembrar por la muerte en todos los rincones de la tierra…
  Un nombre más, madre, que debemos escribir en ese inmenso cementerio de valientes donde van cayendo tus hijos desterrados. Recuérdalo, madre, y si algún día sientes los ojos de tus fuentes  mojados de lágrimas amargas, piensa que estás llorando por los que se fueron llevándote en los hombros y creyeron en ti. No olvides, madre España, este hijo tuyo que se llamaba Ignacio Hidalgo de Cisneros.

  Pasaron los años, y un día los restos del general Ignacio Hidalgo de Cisneros volvieron a la tierra donde nació. El 29 de octubre de 1994 sus cenizas fueron depositadas, dentro de una urna, en el cementerio de Vitoria. La madre España recuperó entonces a su hijo ilustre, muerto en el exilio por defender su libertad frente a los traidores que se la arrebataron.
 
< Anterior   Siguiente >