logo

Todo 11 tiene su 13: Caracas era una fiesta (Nª60) PDF Imprimir E-Mail

Crónica a los diez años del golpe de 2002

 

Carmen Morente
(Plataforma Simón Bolívar de Granada)

  A los diez años del golpe de Estado en la República Bolivariana de Venezuela, perpetrado por la cúpula del Ejército, la Patronal y los medios de comunicación, Caracas se dispuso a conmemorar la gran movilización popular que consiguió rescatar al Presidente secuestrado y retomar el hilo constitucional. En menos de 48 horas, algo inédito en la Historia.
  Muchos acontecimientos han ocurrido en los diez años transcurridos. La oposición fascista y sus aliados naturales: el gobierno de los EE.UU. y los de sus lacayos, incluido el español; las grandes empresas de comunicación a nivel mundial y las empresas multinacionales de distinto origen no han parado de conspirar, de sabotear el proceso democrático y de transformaciones que el país vive.
  Del otro lado, la Revolución Bolivariana, a la que se calificó durante los primeros años como “la Revolución Bonita” (y lo sigue siendo), ha seguido avanzando, en medio de continuos sobresaltos provocados, en la reconstrucción de la economía nacional, en la profundización de la democracia participativa y protagónica; ha seguido ganando elecciones y saldando la gran deuda social que se arrastraba debido a las políticas de saqueo desarrolladas por la oligarquía y sus secuaces durante décadas y siglos.
  En estos años el panorama geoestratégico de la América del Sur también se ha modificado de modo ostensible. La necesidad imperiosa de integrar economías sobre bases distintas a la propuesta norteamericana que supuso el ALCA, da un respiro a los gobiernos más comprometidos y hasta aquellos de claro signo conservador y neoliberal no han tenido más remedio que aceptar, de buena o mala gana, que en el marco de la crisis global del capitalismo, si quieren sobrevivir, tendrán que mirar no solo y exclusivamente a las economías del Norte.

CARACAS ERA UNA FIESTA
  Utilizando la expresión de Ernest Hemingway. También la ciudad está desconocida. Abandonada por la oligarquía era una auténtica ruina en marzo de 2002, la primera vez que la visité. Los edificios patrimoniales en condiciones catastróficas, la ocupación del espacio público por miles y miles de buhoneros (vendedores informales), la suciedad y otras expresiones de abandono, convivían en el centro-centro de la capital de la República.
  Para que puedan hacerse una idea, en una de las esquinas de la Plaza Bolívar (Gradillas), un edificio decrépito cobijaba en sus bajos una zapatería. En realidad se trataba de una de las casas del Libertador, en la que estuvo hospedado Francisco Miranda y en la que residió Simón Bolívar en su último paso por la ciudad que le vio nacer, camino a la muerte en tierras colombianas,  La Casa del Vínculo.  Tras un excelente trabajo de restauración ahora está abierta al público como museo gratuito.
  En otra de las esquinas de la Plaza Bolívar (Principal), justo al lado de la Casa Amarilla, casa de protocolo del Ministerio del  Poder Popular para las Relaciones Exteriores, un edificio de gran envergadura afea la calle, tapado con tablones, estructuras sujetas con postes de hierro; en las ocasionasen las que he visitado la ciudad,  siempre que pasaba por allí intentaba evitar la fachada, tal era su estado de decrepitud. Se trataba del Teatro Principal; las obras para rescatar la fachada y el interior original, adaptado a las comodidades y a las nuevas tecnologías, han sido espléndidas. En él se realizan en la actualidad multitud de eventos y ha sido centro de debates internacionales sobre el papel de los medios de comunicación en el golpe de Estado de 2002.
  Se han abierto cafés y bares, diríamos por aquí, que mantienen hasta altas horas de la noche sus terrazas abiertas, con actuaciones musicales en vivo. Algo inédito que es contemplado por los viandantes con sorpresa y alegría.
  Una gran amiga, Ana María, me contaba que no había visitado el centro de Caracas desde hacía cerca de treinta años. Otros me comentaban que cuando necesitaban hacer alguna gestión en el centro pagaban a una persona para que la hiciera. Cualquier cosa menos trasladarse allí.
Ginette González  me explicaba con suma satisfacción que están promoviendo una consigna, “En el centro se vive mejor”. Y entre risas, alguien comentaba la  necesidad de que el Gobierno de la ciudad nacionalice el restaurante La Atarraya, en la Plaza del Venezolano, espacio neurálgico en el centro de la ciudad, pues se niega a cerrar más tarde.
  En la acera frente a la Casa Natal del Libertador, toda una manzana estaba a punto de derribo. Un espectáculo bochornoso. No podía imaginar que se trataba del Hotel “León de Oro”, patrimonio arquitectónico, uno de los más afamados a principios del siglo XX. La rehabilitación está casi finalizada, la fachada ya luce con todo su esplendor.

ACTIVIDADES POR TODOS LADOS
  Otros lugares emblemáticos de la ciudad han sido rescatados y puestos en valor social: Plaza Caracas, Plaza Venezuela, el Boulevard “Sabana Grande” (de las transformaciones que con mayor orgullo hablan los caraqueños), Los Próceres, Plaza de los Museos, El Calvario, Parque Este, etc.
Multitud de áreas recreativas instaladas para goce de niñas y niños…
Todas las actividades organizadas con motivo de la conmemoración de la movilización popular de 2002 han estado repletas de público. Era impresionante ver la cola de gente que aguantaba bajo la lluvia para poder entrar al Teatro Principal, una de las noches que andábamos por allí.
En la Plaza de los Museos se celebraron talleres sobre el papel de los medios de comunicación comunitarios y alternativos. En este caso, la lista para inscribirse fue multitudinaria.
También el Teatro “Teresa Carreño”  funcionó como foro de debate, así como otros edificios públicos como la Sede del Banco Nacional de la Vivienda.
  En la “esquina caliente” de la Plaza Bolívar, una carpa para proteger del sol y de la posible lluvia, permaneció instalada todos los días; allí se organizaban debates, en algunos casos televisados, cualquier persona podía acercarse, sentarse, dar su opinión o seguir a través de una gran pantalla de televisión, lo que ocurría en los espacios cerrados donde se estaban desarrollando conferencias, proyecciones, etc.
  Un gran despliegue de cartelones perfectamente editados recordaban los titulares de la prensa nacional e internacional durante los acontecimientos de 2002. Mucha gente se paraba a leer los contenidos e inmediatamente se organizaba el corrillo y un conversatorio. Al saberme extranjera, se dirigían a mí para contarme cómo vivieron  aquel abril de 2002.
  En la llamada “Plaza de la Revolución”, centro de las actividades de la “comandanta” Lina Ron y de su organización, Unidad Popular Venezolana, el bullicio era permanente durante el día; por la noche se ha convertido en un lugar donde muchos parroquianos acuden a jugar al dominó. Un gran mural recuerda a Lina, la Plaza siempre está limpia como un palmito…
 
13 DE ABRIL:  CONCENTRACIÓN HACIA MIRAFLORES
  Desde tempranas horas de la mañana nos encontrábamos en el centro de la ciudad. Al bullicio normal de un día no festivo se sumaban “oleadas” de personas, muchos jóvenes, con camisas rojas o con distintivos de las Misiones sociales puestas en práctica en los años del gobierno bolivariano.
  Ya para el medio día, la Avenida Urdaneta, que pasa por Puente Llaguno y conduce al Palacio de Miraflores comenzaba a saturarse, a pesar del “palo de agua” que había caído. Hombres y mujeres de todas las condiciones y color de piel manifestaban su alegría cantando o bailando, hablando, desplegando banderas y pancartas. Familias completas, tres generaciones.
Preguntando aquí y allá, la respuesta era siempre la misma: Prohibido olvidar.
Como a las 4 de la tarde la multitud era aplastante. Por las calles transversales miles de personas caminaban hacia la Urdaneta y regresaban porque ya no podían acceder e intentaban hacerlo desde otro lugar; tomaban la Avenida Baralt, para pasar bajo Puente Llaguno, con el objetivo de llegar a Miraflores desde el Norte.  Las gentes de las Milicias Bolivarianas, con sus uniformes y perfectamente alineadas, muchas mujeres de las clases populares mostrando su orgullo por llevar el uniforme que las identifica.
  Mi compañera Herminia y yo decidimos alejarnos de la Urdaneta y regresar contracorriente a la Plaza Bolívar. Habíamos intentado llegar a Puente Llaguno pero resultaba imposible.
En la Plaza Bolívar seguimos mirando con emoción la llegada de nuevos destacamentos de personas: una organización tupamara, las patrullas del Instituto Nacional de Estadística, mucha juventud, mucha juventud movilizada, que ya no podría, pensábamos, llegar al Palacio de Miraflores para escuchar al Presidente, Hugo Chávez, hablar desde el Balcón del Pueblo, y tendría que conformarse con escuchar sus palabras a través de las grandes pantallas instaladas en distintos puntos.
  Desde el piso 20 de la Cancillería pudimos contemplar la multitud y hacer fotografías antes de ponernos a escuchar, en la Sala de Prensa, el discurso del Presidente quien horas después, según anunció, viajaría a La Habana para seguir con el tratamiento médico.
  Un periodista venezolano me preguntó si recordaba aquel terrible 11 de abril de 2002. Claro que lo recordaba, tanto que no he dejado de pensar en lo ocurrido ni un solo día de mi vida. Imposible olvidar, prohibido olvidar el papel criminal y terrorista de los medios de comunicación en España quienes, desde la madrugada del 11 al 12, repitieron sin matices la versión de los medios golpistas de Venezuela, emitidas a través de todas las agencias de noticias del mundo.
Imposible olvidar, prohibido olvidar el desamparo y el dolor que sentimos y la posterior indignación. No tuvimos ninguna posibilidad de saber lo que verdaderamente ocurría. Fueron decenas de llamadas telefónicas, nadie se ponía al habla, no sabíamos que las comunicaciones habían sido saboteadas. Cuando se filtró la conversación entre la hija de Hugo Chávez con Fidel Castro algo comenzó a moverse en los medios.
  En la noche del día 13, por fin, Carolus Wimmer me decía por teléfono: “Camarada Carmen, tranquilízate, miles de miles de miles están ya en el Palacio de Miraflores, el Presidente no ha dimitido, está secuestrado en la Isla de la Orchila… tranquilízate, el pueblo conseguirá que regrese sano y salvo. Esa es ahora la prioridad: garantizar que regrese con vida, de lo contrario esto será un río de sangre. Dilo a los compañeros de España, repite lo que te estoy diciendo”. Y eso hicimos durante toda la madrugada hasta que desde casa de mi hermana Ángeles nos informaban que estaban viendo en directo, a través del CNN-Plus, lo que ocurría en Caracas, que lo estaban grabando para que no nos perdiéramos nada. Después salimos corriendo y llegamos a tiempo de escuchar la rueda de prensa de Hugo Chávez en Miraflores.
  El día 14 de Abril, lloramos de alegría, de emoción, de tanta solidaridad y agradecimiento como acumulaban nuestros corazones. Pudimos celebrar, junto al pueblo noble de Venezuela, el triunfo sobre el fascismo y, en el 71 aniversario de la proclamación de la II República Española, gritar junto a él: ¡En Venezuela, NO PASARÁN!
¡Prohibido olvidar!
 

 

 

 
< Anterior   Siguiente >