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Crónica de un suicidio político PDF Imprimir E-Mail

Los pactos de Izquierda Unida en Andalucía

 BEATRIZ VALENCIANO

  El resultado de las últimas elecciones autonómicas celebradas en Andalucía ha servido para volver a poner encima de la mesa el viejo debate sobre la política de alianzas en el seno de Izquierda Unida. Tras años de fracasos electorales bajo la hégira de Gaspar Llamazares y sus sucesivas direcciones subalternas al PSOE y a las burocracias sindicales, los diferentes gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero y sus políticas de extrema derecha económica visualizaron a nivel estatal la concreción de la sumisión absoluta de la ya descafeinada socialdemocracia a los designios de la oligarquía financiera estatal y mundial.
Gobierne el gato azul (PP) o el gato rojo (PSOE), los intereses gatunos (los grandes emporios empresariales locales y los mastodónticos lobbys transnacionales) siempre están bien pertrechados, por encima de las calamidades de una población que sufre las consecuencias de la doctrina del shock neoliberal decretado por el consejo de administración del capitalismo global tras el triunfo de las revoluciones de terciopelo en las antiguas democracias populares en Europa del Este.
La gran estafa política derivada de este bipartidismo asfixiante, que sirve de parapeto para el mantenimiento del tinglado económico neocapitalista, había posibilitado a la coalición comandada por Cayo Lara un tímido progreso en los pasados comicios electorales municipales y autonómicos de 2011, tras numerosos guiños al movimiento 15-M. Las elecciones legislativas que auparon a Rajoy a La Moncloa también sirvieron para evidenciar esa mejoría, gracias en parte al hundimiento del PSOE, que perdía cuatro millones y medio de sufragios (de los cuales una parte significativa volaron hacia la abstención).
Del exiguo diputado logrado en 2008 (el propio Llamazares, líder de la actual “Izquierda Abierta al PSOE”), IU pasaba a tener un grupo parlamentario de once escaños, sin llegar, también es cierto, a igualar el mejor resultado de la historia de esta organización política, que se remonta a 1996, con los 21 escaños y casi tres millones de votos con Julio Anguita al frente.
El éxito o la mejora electoral de IU (que no organizativa) se debía en parte a la percepción por amplios sectores de esa ciudadanía castigada por los servicios sociales de que el PP y el PSOE respondían a los mismos intereses de clase, y que devenía necesaria una fuerza política que supiese conjugar su posición firme de defensa de los intereses de los trabajadores, tanto en las instituciones como en la calle, sirviendo de ariete en contra de las medidas reaccionarias desarrolladas por los agentes políticos de la patronal.

OCHO AÑOS DE SUMISIÓN VERGONZOSA

  Cualquier persona mínimamente informada sabe que fue esa necesidad de contar con ese Polo Alternativo de izquierdas lo que ayudó a la recuperación electoral de IU, y no los ocho años de sumisión vergonzante del proyecto unitario en la etapa en la que Gaspar Llamazares fue el máximo responsable orgánico de la coalición de izquierdas.
Precisamente fue esa cercanía al PSOE y sus satélites lo que estuvo a punto de ocasionar la desaparición política de Izquierda Unida. Por eso es difícil de comprender cómo ha gestionado la dirección andaluza de Izquierda Unida el pacto de legislatura con el PSOE de Griñán, en un momento histórico decisivo en el que por vez primera en la historia del autonomismo andaluz, el PSOE (47 escaños) ya no es la primera fuerza política, un puesto que ocupa ahora el PP (50 escaños), con un papel determinante de IU (12 escaños, el doble que en las elecciones de 2008).
  La decisión de la dirección regional de Izquierda Unida-Los Verdes-Convocatoria por Andalucía (IU-LV-CA) de convocar un referéndum entre su militancia para preguntarle a la misma sobre la estrategia a seguir en esta nueva legislatura desató un torrente de posicionamientos políticos, muchos de los cuales pueden amenazar (de nuevo) seriamente la viabilidad del proyecto que representa Izquierda Unida.
  Y es que esta decisión fue planteada partiendo de la base de que la investidura al candidato del PSOE ya estaba hecha, preguntándose en la consulta únicamente acerca de si se debía entrar en un gobierno estable con el PSOE, o de si por lo contrario IU llegaba a un acuerdo de legislatura pasando automáticamente a la oposición. La investidura –insistimos- le salía gratis al candidato a la reelección del PSOE, el “padre” político de las Empresas de Trabajo Temporal cuando fue ministro de Felipe González, allá por 1994 (después de un reformazo laboral).
  El Partido Comunista de Andalucía (PCA)-fuerza hegemónica dentro de IU-LV-CA- se posicionó a favor de entrar a saco en el gobierno de unidad con el PSOE, y sólo el diputado electo por Sevilla y Alcalde de Marinaleda Juan Manuel Sánchez Gordillo-líder del Colectivo Unitario de Trabajadores-Bloque Andaluz de Izquierdas- ha dicho claramente que esta decisión (avalada por la mayoría de la dirección de IU-LV-CA y por el PCA) supone un suicidio político, ya que vuelve a ubicar a IU en el terreno de lo políticamente correcto, tal y como hicieron anteriores direcciones federales de IU; un escenario en el que la subalternidad al PSOE y su dependencia política se aleja de la voluntad de cambio de muchos electores andaluces, hartos ya de teinta años de corruptelas y políticas de derechas de los diferentes gobiernos del PSOE.
El coordinador andaluz de IU y candidato a Presidente de la Junta, Diego Valderas, llegó a asegurar, para sorpresa de muchos, que “los diputados de IU no iban a permitir que gobernase la derecha en Andalucía” ¿Qué derecha, señor Valderas? ¿La que ha estado treinta años haciéndole el caldo gordo a los poderosos en Andalucía? ¿O se refiere usted a los que se han forrado con los ERE falsos y las subvenciones al campo andaluz?
Asimilar “la derecha” únicamente a las políticas que realiza históricamente el PP supone aceptar la máxima de que el PSOE es recuperable para un proyecto emancipador, y eso, a la luz de los recientes hechos históricos, no es ni más ni menos que una gran farsa y una estafa a los miles de votantes de IU que han optado electoralmente por el voto a sus candidaturas hartos de las políticas de derechas de los dos grandes partidos. La dirección de IU-LV-CA ha decidido priorizar entrar en un gobierno de “capitalistas blandos” (como dicen algunos bienpensantes) para, en principio, intentar redirigir esa política claudicante, a cambio de perder el poco prestigio y la poca dignidad que le queda a IU como fuerza que pretende transformar la sociedad actual, especialmente en Andalucía, donde las desigualdades sociales siempre han sido más evidentes que en otras latitudes.

LA DIGNIDAD DE SÁNCHEZ GORDILLO

  Otro tema sangrante ha sido el general trato dispensado a Sánchez Gordillo, vilipendiado públicamente por el frente mediático del PPSOE, donde destacamos los gruesos insultos del fascista José Bono, ex presidente del Congreso, quien recomendó al PSOE que llegara a un acuerdo con el PP antes que tener que sentarse en la misma mesa que el político jornalero.
Tampoco se entiende ese afán suicida por parte de dirigentes políticos como José Luis Centella, secretario general del PCE y diputado de IU en el Congreso, una persona que ya conoce a la perfección el ninguneo con el que obsequio el PSOE a IU, en la etapa de despegue organizativo de la coalición de izquierdas, cuando Nueva Izquierda y PRISA gritaban al unísono el absurdo soniquete de “la pinza”, doctrina goebellsiana elaborada por Diego López Garrido, un personaje siniestro que ha dejado su impronta ideológica en las políticas reaccionarias de ocho años de gobiernos zapaterianos.
  Cayo Lara y su dirección han optado por abortar el despegue organizativo y político de su coalición a cambio de unos cuantos puestecillos en la administración andaluza, algo de lo que sin duda, pasará factura a todos los niveles en el futuro más inmediato. Poner remiendos a la situación actual desde gobiernos supone ignorar, en definitiva, que el sistema capitalista, tal y como lo conocemos en la actualidad, es absolutamente irreformable.

 
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