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PLATAFORMA CIUDADANÍA 2012 ANTE EL BICENTENARIO PDF Imprimir E-Mail
   Los colectivos sociales y políticos que hemos formado la Plataforma Ciudadanía 2012 ante el Bicentenario queremos desvelar las insuficiencias, los errores y los engaños de esta conmemoración por parte de la Administración.

  No dejamos de reconocer cuánto significó aquella Constitución en el camino de ruptura con un régimen que concebía a las personas como súbditas y no como ciudadanos. El propósito que expresaba el artículo 13 de  que el objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen, es una aspiración maravillosa e incumplida. Aspectos como la preeminencia de la ley, el derecho a la educación, la prohibición de la tortura, la manifestacion_contra_la_pepa.jpglibertad de prensa y de pensamiento,… dieron sus primeros pasos en aquella Constitución, convertida por ello en un hito para los derechos y la democracia. Fue desde luego un primer paso que debiera haber permitido a este país caminar hacia la ilustración y la modernidad. Un posible camino que fue rápidamente abortado por las fuerzas más reaccionarias de la España de entonces, encabezadas por la monarquía.
Por ello, es imprescindible señalar los límites que no supieron superar los constituyentes de 1812: el de la igualdad ausente (no fue capaz de acabar con la esclavitud, ni de reconocer derechos a las mujeres, a los indígenas o a los negros) y el de ruptura con el antiguo régimen de forma consecuente, en especial con el corsé impuesto por la Iglesia que tan  nefastas consecuencias tuvo en el devenir de la propia Constitución.

  Sin embargo, lo que realmente nos preocupa es que los dirigentes políticos de hoy conviertan la conmemoración del bicentenario en una impresionante cortina de humo para intentar escamotear los muy graves problemas actuales que angustian a los españoles.

  Porque los muchos actos que van a tener lugar en Cádiz parece que servirán  para ensalzar pomposa y huecamente aquéllas formas políticas del viejo liberalismo con el objeto en buena medida de justificar hoy las poco democráticas maneras del nuevo capitalismo que ahora, en España y en tantos otros países del mundo, está arrasando con todo tipo de derechos ciudadanos. El nuevo constitucionalismo del Tratado de Lisboa y de la última reforma de la Constitución española representan una agresiva intentona de laminar derechos sociales y económicos básicos conquistados dolorosamente por la ciudadanía.

  Una crisis desatada por la avaricia del capitalismo especulativo está arrasando los derechos fundamentales de los ciudadanos. Se ponen en marcha todo tipo de recortes y políticas para salvaguardar a los poderosos, los bancos, las multinacionales, los  mercados. La preeminencia del Capital sobre el pueblo es más obscena que nunca. No importa el paro y la pobreza de miles de personas en España, no importa la precariedad y la falta de futuro para centenares de miles de jóvenes. El miedo y la angustia a perder el trabajo, a sufrir pérdidas salariales inaguantables, a no poder alcanzar en la vida un trabajo digno y, en definitiva, a ser arrojados a la exclusión social, son situaciones y amenazas que se ciernen sobre cada vez mayor número de personas. ¿Es este el genuino legado del constitucionalismo español?  Nos tememos que sí.

Pero no sólo el Estado del bienestar está siendo desmantelado. Es la propia democracia la que está siendo amputada y cuestionada. La calidad democrática en toda Europa queda así seriamente resquebrajada; los gobiernos y los pueblos son rehenes cautivos del capital financiero y especulativo. La Constitución de 1978 queda como discurso justificativo de todos estos recortes, aplicando sin titubear las normativas más restrictivas de derechos. Los fastos del bicentenario exhiben una reivindicación abstracta y apergaminada de las libertades, de poca utilidad para las necesidades de la ciudadanía.

¿Qué pretensiones reales tiene la conmemoración que criticamos?
Que nos despreocupemos del paro, del recorte de derechos, del desmantelamiento de los servicios públicos, de la pobreza creciente en nuestra sociedad.
Que se oculte la realidad de una zona fuertemente militarizada, en la que el escudo de misiles va a ser una de sus principales amenazas.
Que no activemos nuestra denuncia de los recortes democráticos, que hacen que la ciudadanía sea una convidada de piedra de las políticas públicas.
Que olvidemos que la cultura, la educación y la investigación son víctimas de la desinversión, de la manipulación y del menosprecio.
Que renunciemos a la denuncia de la apropiación indebida que la casta de los partidos políticos han hecho de la democracia.
Que aceptemos este nuevo despotismo supuestamente ilustrado de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, que nos convierte de nuevo en súbditos
 en vez de ciudadanos.

Son razones más que suficientes para movilizar nuestra conciencia social. La Plataforma Ciudadanía 2012 ante el bicentenario, pretende remover conciencias, activar mecanismos democráticos y de participación ciudadana y denunciar unos eventos  que consideramos  están diseñados para el embellecimiento de lo que hoy no es mas que un enorme fábrica de exclusión y recorte de derechos.

Animamos y emplazamos a todas las personas golpeadas por la crisis y las amenazas de paro, exclusión y pobreza, a sumarse a todas las iniciativas pacíficas de denuncia y movilización  que durante este año vamos a protagonizar, para evitar que un horizonte de inseguridad y marginación se convierta en el única respuesta a los enormes desafíos a los que estamos enfrentados.

Cádiz, 12 de Febrero de MMXII

 
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