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La valentía de Guillermo Toledo PDF Imprimir E-Mail
María Toledano

“Absténganse los súbditos,
lean los ciudadanos”.
Julio Anguita,
del prólogo del libro.
 
 “Razones para la rebeldía” es un libro reciente, ha salido en septiembre de 2011, una obra breve y concisa, escrita por Guillermo Willie Toledo con la colaboración de Pascual Serrano y prólogo de Julio Anguita. Lo compré el otro día, en la Fiesta del PCE, después de la emotiva presentación de Cayo Lara, y Lola -juventud infatigable- hizo la cola correspondiente, que no fue poca, para conseguir la firma del actor. En realidad compramos dos, uno para mí y otro para ella (es barato). Llegamos a casa tarde, serían las 23h, y cada una en su rincón (la ventaja de vivir en una casa grande y antigua) nos pusimos con él. A la mañana siguiente nos sentamos y conversamos. Este muchacho es un valiente, dije. A partir de ahí, las dos, como no podía ser de otra forma ante alguien que se la juega en un mundo donde se guarda la apariencia, estuvimos de acuerdo.
 El libro es, casi, y aunque suene extraño, un programa electoral del PCE o de Izquierda Unida. O un argumentario. Es difícil que alguien que circule por la izquierda alternativa no esté de acuerdo con las razones que expone Willie. Palestina, las guerras imperialistas, la presencia española en los conflictos militares, el abandono del pueblo saharaui, las miserias de la vida profesional, en este caso de los actores, la ética como virtud política, el valor del compromiso diario, etc. El libro repasa los últimos acontecimientos nacionales y extranjeros y nos pone al actor, ninguneado, incluso, por gentes que se dicen de izquierdas, en el lugar que ocupa, que desea ocupar, en el mundo. Valiente hay que ser para decir lo que se dice. Valiente en el siglo XXI es decir la verdad. Le llaman “bocazas”, apostillo, personas que jamás han abierto la boca para reivindicar algo donde se juegue, en realidad, su futuro personal y económico.
 toledo_mani.jpg El actor se la juega -lo viene haciendo hace años- y así le va. Hace bastante tiempo que, salvo en el teatro, y gracias a su propia compañía “Animalario”, no se le ve por las pantallas. El que habla claro tiene su castigo. Toledo es esencialmente un incorrecto en una sociedad donde la corrección, vestida con las galas que procedan, es la única garantía de éxito.
Saludé a Willie entre foto y foto. Me dio dos besos como redondos soles de septiembre. A las viejas, los chicos jóvenes nos miran -lo contrario hubiera sido impropio- con esa mezcla lógica de ternura e indiferencia. Es lo suyo. En la fiesta del PCE causó sensación su presencia. Se nota que el personal le quiere, aunque levante alguna reticencia, más que nada por la manipulación insidiosa y permanente de los medios de comunicación. Firmó muchos libros y se dejó hacer centenares de fotografías. En la nevera de mi casa, sujeta con un imán, ya revelada, veo a Lola y a Willie. El actor la tiene cogida por la cintura. Lola sonríe, feliz. Willie también. ¿Se puede sentir envidia de una nieta joven y guapa? Son cosas que pienso, la mirada perdida en los recuerdos, mientras tomo la pastilla para el colesterol.
  Pascual Serrano ha hecho un trabajo excelente. Según leo en la nota introductoria, se sentaron en Fuentealbilla (Albacete) y el periodista sometió al actor a unas duras sesiones de preguntas. El libro tiene un tono muy logrado ya que parece, y de eso se trata, que es el propio Toledo el que escribe. Serrano tiene el acierto de esconderse, ocultar sus propias opiniones -imagino que no muy diferentes- en beneficio de las palabras de Willie. Nada como ponerse en manos de un profesional. Dos palabras sobre el prólogo de Anguita. He de reconocer, y en ocasiones me duele, que nunca fui “anguitista”. Sin embargo, a medida que el tiempo pasa, y sitúa a cada uno en su sitio, el pensamiento abrupto y la acción diaria de Julio Anguita me cautiva cada día más: el prólogo “Las aldeas de Potemkin” es excelente.
 Compramos dos libros como acto de militancia. Es posible que compre alguno más. Resulta vital, muy importante, que estos libros existan, que se vean y que sean un éxito. De lo contrario, sospecho, no se podrán seguir haciendo. Hace tiempo que el capital no apuesta por la ideología (como conjunto de valores) sino por la ideología de los beneficios: eso que llaman los mercados. Si el libro “Razones para la rebeldía” es un éxito, lo será para todos: en especial para todos aquellos que decimos que nuestras ideas no tienen sitio en el espacio mediático del capitalismo.
 
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