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La amargura de la edad (Nº 57) PDF Imprimir E-Mail

 «Gianni e le donne », recomendable film de Gianni di Gregorio

Blas López-Angulo

  Incluso agosto ofrece algún estreno agradable en los cines de Madrid. El cine italiano, el mejor de la posguerra mundial, hasta casi llegados los ochenta yacía por los suelos. Gente como Matteo Garrone, lanzado al estrellato con Gomorra, pero que a pesar de su corta edad contaba ya con unos cuantas películas interesantes; o como Paolo Sorrentino, autor de “Il Divo”, parecen haberlo devuelto a las luces y sombras de las salas de cine foráneas. De hecho, ahora en Madrid pueden verse 4 ó 5 filmes italianos, muy por encima de la media de cualquier otro país europeo. Y gente como el director Di Gregorio, sesentón cachazudo, debe al joven Garrone su puesta en órbita en el mundo del cine. Hace tres años le produjo una pequeña obra muy personal de sorprendente éxito: “Pranzo di Ferragosto”.
  gianni.jpgGianni di Gregorio, tras la muerte de su madre, comienza en el año 2000 propiamente su carrera cinematográfica (llevaba 14 proporcionando ideas y temática sobre guiones ajenos) como ayudante de dirección de Matteo Garrone, entonces un treintañero, que hasta le dio un papel en “Ospiti”. Diez años después, Matteo le obligaría a vencer su timidez y protagonizar “Ferragosto”. Una película donde su autoría es absoluta, en la mejor tradición del cine de Woody Allen, y no, por cierto, de Nanni Moretti, a menudo sobrecargado políticamente y de una histeria que no destila la autenticidad de esta “joven promesa”.
“Gianni e le donne” gozará de las simpatías de todo aquel que se acerque sin mayores inquietudes que las de ver retratado un trozo de Roma -hablamos del Trastevere- y las preocupaciones de un seductor ocioso en su mejor edad y frustrado en su despertar tardío. Una de la cosas que nos viene a decir el dulce amigo Gianni es acerca de la pose del romano latin lover, sus supuestos ligues con las turistas ya son historia... La escena en que su amigo, el abogado, le invita a comer junto a dos jóvenes es harto ilustrativa.
  Esta imagen de su primera película es para mí impagable. No necesita la verborragia de Allen o Moretti, su protagonismo es en parte pasivo, como víctima del cónclave de ancianas: las cocina, las sirve y las escucha. Su propia historia. Con una mamma de origen noble, que enviudó en los últimos años de su vida imponiendo a Gianni su personalidad dominante ante la fuga del resto. La que aparece a su izquierda, una actriz con un debut aún más otoñal que el suyo, a sus 93 años, y que repite también en esta última, representa a su madre. Pero no podía ser su madre real porque con ella en vida jamás hubiera podido hacer la película. Sí aparece entre las venerables ancianas una tía suya y ninguna actriz: interpreta cada una su propio papel. De hecho, en el celebrado “Ferragosto” los buenos y malos rollos entre ellas son más improvisaciones sobre la marcha (de sus relaciones) que seguimiento del guión.
  En cuanto al Gianni de su segundo estreno (por cierto, no entiendo ese título español que dice “...y sus mujeres”, cuando de lo que va es de su relación con las mujeres, y que precisamente, muestra que suya no es ninguna, empezando por su esposa), uno entiende su perplejidad. Existe una frontera insalvable en la relación natural con el otro sexo producido por el devastador efecto del paso del tuteo al trato de usted. Ni uno ni otro acaban siendo recíprocos. Animado por su amigo, avvocato, Gianni intentará la promiscuidad con la badante, la atractiva cuidadora de su madre. Tras la torpe tentativa nocturna, la joven inmigrante, a la mañana, con ternura le confesará que ha soñado con él, mas con un puesto afectivo desilusionante, ¡el de abuelo! 

 
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