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En el Barranco: entre Víznar y Alfacar PDF Imprimir E-Mail

Con motivo del 77 aniversario de la proclamación de la II República, el pasado 14 de abril, se constituyó la Coordinadora Republicana de Granada, que ha tenido como primer objetivo organizar la I Semana Republicana en la ciudad. Entre las actividades realizadas, se subió al Barranco, en la zona correspondiente al término municipal de Víznar, para poner una placa en homenaje a las víctimas del fascismo que yacen en las fosas comunes. Fue en la tarde del sábado 18 de abril.

Carmen Morente Muñoz
(Asociación Plataforma Cívica por la República de Granada)

Si muero, dejad el balcón abierto…”, había dejado escrito Federico García Lorca. Ningún paraje como el Barranco puede evocar mejor la imagen de un balcón.
    Defendido a sus espaldas por una sucesión de sierras, se abre hacia la Vega de Granada, en perspectiva soberbia, desde la que podemos contemplar Sierra Nevada, Sierra Elvira, los cultivos vegueros tradicionales…y dos pueblos que lo enmarcan, a derecha e izquierda, compartiendo la responsabilidad de su defensa: Alfacar y Víznar.
Ambos pueblos fueron alquerías musulmanas de gran prestigio, lugar de descanso y reposo de los monarcas ziríes, por su situación privilegiada y, sobre todo, por ser el centro desde el que, a partir de la construcción de la  Fuente de Aynadamar (o de las lágrimas),  que recogía las aguas del nacimiento de Fuente Grande,  mediante un complicado sistema de acequias, se llevaba el agua  al  Albaicín granadino.
Los moriscos residentes en ambas alquerías fueron expulsados tras  la Pragmática de Expulsión dictada por Felipe II, siendo repobladas con familias castellanas.
    memoria_histo_1.jpgDurante muchas generaciones, al amparo de la bondad de las aguas de Aynadamar, ambos pueblos se especializaron en la producción del pan que surtía a la ciudad de Granada. Todavía las personas de mi generación guardamos el recuerdo de aquellos “panaeros” que bajaban en burro el tan preciado alimento, pregonándolo en las esquinas de las calles, a las que bajábamos normalmente las niñas a comprar la cantidad que nuestras madres nos indicaban. Imágenes que la historia reciente de la ciudad acabó aplastando, como tantas otras cosas y paisajes.

INICIO DE UNA CRÓNICA SANGRIENTA

Son muchas las preguntas que cualquiera puede hacerse sobre los motivos que llevaron a los fascistas sublevados en Granada para hacer de Víznar y del Barranco los lugares de la crónica sangrienta que se iniciara nada más tomada la ciudad y parte de la provincia a partir del 20 de julio de 1936.
Lo recóndito del lugar, por su complicado acceso,  unido a su proximidad a Granada; la cercanía geográfica a la Fábrica de Pólvoras Santa Bárbara, la presencia de la Iglesia en Viznar, lugar elegido por los arzobispos para descansar dado su agradable clima durante el verano…
La cuestión es que en el Palacio de Moscoso y Peralta (Víznar), el capitán Nestares tenía instalado el cuartel general de Falange en 1936. También hasta Víznar se trasladaron presos, principalmente masones, que eran obligados a las tareas más ingratas de cavar las fosas, enterrar los cadáveres cada mañana y quién sabe cuántas vejaciones más antes de ser en muchos casos “paseados”.
Las cifras de los fusilamientos en Granada están por acotar. Se habla de más de 6.000, repartidos principalmente entre el Cementerio de San José, el Barranco y multitud de cunetas desperdigadas por el conjunto de la provincia.  Ian Gibson afirma que, sumados los de Guadix, la cifra podría ser mucho más elevada. Tampoco se sabe los que serían sacrificados en el Barranco.
En el libro de Antonio Ramos Espejo “García Lorca en Fuente Vaqueros”, en entrevista realizada a Ian Gibson, en 1979, se afirma: “… aquí, bajo nuestros pies, entre los pinares que colocaron después de la guerra, yacen miles de víctimas de la represión…
Desde entonces, la zona estuvo sometida a los rigores del fascismo, que ubicó en ambos municipios dos centros de adoctrinamiento y disciplina ideológica: la OJE y la Sección Femenina, en Alfacar y Víznar respectivamente. Está claro que, en más de 40 años, tuvieron tiempo de modificar el paisaje, de ocultar pruebas, de retirarlas, etc. Los pioneros que visitaron el Barranco, buscando las últimas huellas de Federico García Lorca (Couffon, Gerald Brenan y Gibson),  tuvieron la oportunidad de dar testimonio de los cambios acometidos, así como del miedo que se respiraba y de la dificultad para indagar sobre lo sucedido. Sólo manos anónimas, pero conocedoras de los lugares, en absoluta clandestinidad, dejaron testimonio regular de lo ocurrido, colocando sencillas flores en determinados lugares.

PRESENTE Y FUTURO INCIERTO

   Hoy, los municipios de Víznar y Alfacar han sufrido una fuerte expansión urbana, sobre todo el último. Todas las bondades de su clima y las facilidades actuales para acceder a ambos desde la A-92 explican el desarrollo y justifican, según el mercado, que posean seguramente el precio por metro cuadrado edificable más elevado del área metropolitana de Granada.
La historia del lugar no ha sido óbice, para quienes nunca han tenido escrúpulos, para seguir construyendo hasta aproximarse peligrosamente al lugar donde se ubican algunas de las fosas, incluida la de Federico García Lorca y sus tres compañeros de desdicha. En la entrevista citada, Ian Gibson manifestaba su horror ante la proximidad de las edificaciones: “Hay que cercar todo esto”.
   La devastación del paraje resulta, a estas alturas, más que preocupante. Para dar una vuelta más al proceso de degradación del entorno, el Barranco comparte término municipal con los dos municipios (en la actualidad, Alfacar gobernado por el PP y Víznar por IU) y cada cual acomete las acciones que cree oportunas.
Con la construcción del Parque Federico García Lorca, en Alfacar, de horrible factura y abandono extremo –circunstancia que pudimos constatar de nuevo el pasado 18 de abril-, pareciera que el lugar donde reposan los restos del poeta haya quedado bajo resguardo. Junto a la fosa se ha colocado un monolito en el que reza: “A todas las víctimas de la guerra civil”… Sobran los comentarios.
   memoria_histo_2.jpgEl Parque sólo se adecenta en el mes de agosto, cuando se concentran en él  “intelectuales y poetas”, más alguna autoridad y algún invitado internacional (algunos de algo más que dudoso pasado democrático), para rendir homenaje a Federico García Lorca. Durante el resto de meses del año, la fuente no echa agua, las placas de cerámica de Fajalauza con fragmentos de versos siguen deteriorándose y la basura campea a sus anchas, ya que los contenedores no son vaciados. Frente al Parque, un tremendo edificio de apartamentos…
Prosiguiendo el camino serpenteante del Barranco en dirección a Víznar,  la construcción de un campo de fútbol, que fue paralizada en su día, y a nuestra derecha, una instalación ganadera que sofoca con su pestilente olor al de los pinos y las plantas aromáticas del entorno natural. Un poco más abajo, siguiendo la pendiente, los restos de un gran movimiento de tierras también paralizado hace años.
Siempre que paseo por este lugar me pregunto qué encontrarían las máquinas y los hombres que abrieron en la tierra semejantes heridas…

BARRANCO DE VÍZNAR

Las acciones más decididas para preservar el patrimonio histórico del Barranco se han desarrollado gracias a la voluntad del alcalde de Víznar, Luís Antonio Pérez Sánchez. Con buen criterio, y a pesar de la escasez de medios económicos, según nos explica, decidieron adecentar los accesos a una de las mayores fosas. En 1979, según relata Antonio Ramos, el lugar estaba ocupado por una charca de agua.
En la actualidad se ha abierto un camino, construido pequeñas plataformas de madera para sortear obstáculos y colocado unas inmensas piedras de granito en las que se pueden instalar placas en memoria de las personas ejecutadas. El lugar es fácilmente identificable por una inmensa piedra, ubicada al borde del camino, que tiene grabado, “Barranco de Víznar”.
Hasta allí subimos con relativa frecuencia para denunciar los crímenes cometidos por el fascismo contra las personas que decidieron ser leales al legítimo gobierno republicano.
Todavía no son muchas las placas colocadas. Según nos explica el alcalde de Víznar, muchas de las familias afectadas tuvieron que exiliarse y, pasadas varias generaciones sin que hubiesen regresado, mantener los vínculos con aquel pasado terrible ha resultado imposible. Por eso, la mayor parte de las iniciativas han venido de la mano de organizaciones e instituciones.
En dicha fosa se encuentran muchos trabajadores de la Fábrica Santa Bárbara, incluido el director de la misma, abuelo del cantautor granadino Carlos Cano. Para el comandante Valdés y su banda de asesinos fascistas, la ocupación de la fábrica y su control fueron estratégicos. También están allí los restos del profesor Don Salvador Vila Hernández, Rector Magnífico de la Universidad de Granada. Y un sin fin de hombres y mujeres sin identificar.
 
  
UNA POLÉMICA QUE NO ACABA

   En los medios de comunicación se ha informado sobradamente de la polémica surgida entre los descendientes de Federico García Lorca y los descendientes de dos de los enterrados junto al poeta en el Barranco, ocasionada por la voluntad de estos últimos de desenterrar los cadáveres de sus familiares y la negativa de la familia del poeta a que se desentierre a Federico. Interviniendo a favor del desenterramiento el propio Ian Gibson.
Más allá de la pretendida capacidad de presión de la familia de Federico, el tema no se presenta fácil desde el punto de vista legal. Reconocer el derecho de unos supone negar el derecho de otros. Y, por si fuera poco, arrogarse en tema tan delicado la voluntad de los cuartos implicados que no se pronuncian.
Más allá de la polémica mediática surgen muchísimas incógnitas.
¿Por qué sólo el interés por la fosa donde se encuentra el poeta? Y si el proyecto se universalizara para todas las fosas memoria_histo_3jpg.jpgexistentes, ¿sería viable? Recordemos que una de las hipótesis plantea la cifra en miles, ¿en cuántas fosas?, ¿sería posible la identificación de los cadáveres dado que la mayoría de los familiares no se han pronunciado o no pueden pronunciarse pasados más de 70 años?
Suponiendo que un número determinado de descendientes exigiera también la identificación de los restos de sus familiares, ¿a cuánto ascendería el análisis de ADN del total de los restos? Y, no menos importante, ¿cuál sería y en qué condiciones el destino último de las víctimas no reclamadas?    
Sabemos que distintas organizaciones defensoras de la memoria histórica han conseguido ejecutar planes para identificar en fosas repartidas por toda la geografía española a multitud de víctimas. Pero dichos planes, ¿serían viables cuando hablamos de miles, repartidas en no se sabe cuántas fosas y en un paraje geográfico amplísimo y muy transformado por la voluntad de ocultamiento, primero, y por la especulación urbanística, después?
Y si esta pretensión se hiciera realidad por muy descabellada que parezca, ¿cuál sería el futuro del Barranco?

UNA PROPUESTA CON BASTANTE SENSATEZ

En una reunión realizada hace algunos años por la Asociación  para la Recuperación de la Memoria Histórica de Granada, que ampara la petición de los descendientes de Dióscoro Galindo y Francisco Galadí, dos de los fusilados y enterrados junto a Federico García Lorca, escuché por primera vez la propuesta del joven alcalde de Víznar; una propuesta más profunda y abarcadora que la de ir cavando por aquí o por allá, aunque, y vuelvo a insistir, el interés hasta ahora es exclusivamente  relativo  a la fosa donde se encuentra el poeta.
La propuesta hecha por el alcalde implicaba, en primer lugar, el compromiso de preservar el Barranco, lo cual exigiría una reglamentación que lo garantizara. En segundo lugar, la dignificación del lugar, rescatándolo del silencio aplastante de tantos años. Dignificación que hiciera del Barranco algo así como un espacio dedicado a la pervivencia de la memoria histórica, de la lucha por las libertades, de explicación de las atrocidades del fascismo. En tercer lugar, la creación de un Centro de investigación, de estudio (creo incluso recordar que ofreció suelo de su municipio para concretar la iniciativa), que pudiera ser receptor de datos, de documentos, de bibliografía, de investigadores, etc, dedicado a sacar a la luz, para las generaciones venideras, con el mayor rigor histórico posible, la verdad sobre lo ocurrido.
Hasta el día de hoy, así hay que reconocerlo, las únicas iniciativas que se acercan a esta propuesta, que nosotros compartimos, son las realizadas, y descritas más arriba,  por el Ayuntamiento de Víznar.
Luís A. Pérez Sánchez nos explica, cada vez que subimos al Barranco, que “Federico eran todos”. Absolutamente de acuerdo con él. Sólo que, pensándolo con absoluta serenidad, todos seguirán siendo Federico en la medida en que los restos del poeta sigan impidiendo “otros” planes.

 
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