logo

Viejos retratos y nuevas exigencias/Nº56/ PDF Imprimir E-Mail

 Análisis de la última “fiesta de la democracia”

Ángeles Maestro

  Los hechos centrales que han marcado las últimas  elecciones no son ni el desplome del PSOE, ni el correspondiente arrase del PP con el aditamento de la subida de la extrema derecha de UPyD o la enésima confirmación de la incapacidad de IU para representar el malestar social.
  angeles-y-roman.gifLa anunciada debacle socialista es, una vez más, el complemento necesario de la llegada a gobiernos autonómicos y posteriormente al del Estado – muy probablemente con mayoría absoluta - de un PP que les sustituye en el puesto de mando del mismo proyecto de las clases dominantes de dentro y de fuera del Estado; hoy más que nunca.
El problema para el poder real y sus representantes políticos es que cuando los ajustes apenas se han iniciado y precisamente cuando los recortes más duros de salarios, empleo, prestaciones, negociación colectiva o copago sanitario están por venir, lo que parecía atado y bien atado con la izquierda abertzale ilegalizada y excluida y con la “paz social” asegurada por unas cúpulas sindicales sobornadas, el silencio de los cementerios, ha estallado.
  Lo que el PP llama “la fiesta de la democracia”, es decir, los señoritos de toda la vida que se sacuden el lastre de los señoritos advenedizos, tiene en su patio trasero un clamor de pueblo de tal magnitud que amenaza con aguarles el sarao.
El indicador más claro de que la cimentación tan sistemáticamente construida empieza a hacer aguas es que “los mercados”, léase la gran burguesía, han disparado el riesgo país – el tipo de interés que se paga a cambio de comprar deuda española – y la bolsa pierde casi dos puntos. Que todo eso ocurra al día siguiente de que la derecha, los suyos directos, arrase en unas elecciones es un indicador potente de los procesos sociales y políticos que están en juego.

LA ENORME VICTORIA DE BILDU
  Los resultados son demoledores en Hego Euskal Herria: 313.151 votos, el 21,99%, la segunda fuerza política, a menos de un punto de la primera – el PNV – con 327.011 votos. Primera fuerza política en Guipúzcoa, también en el Ayuntamiento de Donosti, segunda en Araba y Bizkaia, tercera en Nafarroa, la primera en número de cargos electos, 1.137, frente a 881 del PNV, y una cascada de datos más que son un pálido reflejo de la cantidad y la calidad de vitalidad política que han estado aplastando.
Porque eso es precisamente lo que han pretendido impedir: que la poderosa voz de la izquierda independentista vasca – sin duda la fuerza de izquierdas que obtiene más respaldo electoral de toda Europa –  ocupara su espacio de poder en las instituciones vascas y sirviera de vehículo a sus reivindicaciones nacionales y de clase.
  Lo han intentado todo: el asesinato, la represión, la tortura, la ilegalización de todas las expresiones sociales y políticas de un pueblo, vulnerar los principios más elementares de la democracia burguesa y de la justicia, tener encarceladas a  cientos de personas, mantener a 40.000 personas sin poder ejercer el sufragio pasivo, potenciar política y económicamente a la extrema derecha a través de las organizaciones de víctimas, promocionar escisiones que debilitaran su organización... Así,  desde una Transición marcada a fuego por la negación del Derecho a la Autodeterminación y una “democracia” obligada a parir un engendro de Estado de las Autonomías y a inventarse cada vez una vuelta de tuerca más en legislaciones y tribunales especiales para intentar asfixiar las ansias de libertad de todo un pueblo.
  Han chocado, no contra un muro, sino como decía Jon Maia[1] contra “un mar que es mucho más que la suma de los ríos,…siempre igual y siempre nuevo, …que cambia de forma y se adecua…que transforma el entorno y es dueño de su horizonte”. Un mar que supera todas las previsiones y asegura el cambio político.
  Junto a la victoria de Bildu, las acampadas y asambleas del movimiento del 15-M, con todas sus contradicciones, han roto el maleficio de la impotencia y la pasividad que asombraba por sus dimensiones en un Estado con más de cinco millones de parados, muchos más de precarios y con una pérdida vertiginosa de la capacidad adquisitiva de los sectores populares. Sobre todo jóvenes, pero también gentes de todas las edades, gritan desde los muros y desde los manifiestos, en cada vez más plazas de barrios y pueblos, que esto no puede seguir así, que hay que reaccionar porque se nos cae el porvenir.

TAMBÍEN UNA ESPERANZA
  Los contenidos son inciertos, contradictorios y, sobre todo, fácilmente manipulables. Sin embargo sería un error tremendo, que algunas organizaciones han cometido, menospreciar la fuerza del grito que ha podido escucharse – bien es verdad que con la colaboración inestimable de los medios de comunicación – en el erial en el que discurren manifestaciones y luchas silenciadas y dispersas.
  El sentimiento de impotencia parece haberse roto, al menos durante un tiempo. El “Sí, se puede” se ha abierto paso en las mentes. Como siempre, la tarea es intentar con todas nuestras fuerzas – y de acuerdo con muchas otras organizaciones que comparten este análisis – que el grado de organización avance y que el nivel de conciencia se fortalezca. Más allá de los miles que hayan habitado las plazas, ese será el único balance apreciable.
Si su necesidad está encima de la mesa desde hace tiempo, las conclusiones que el 22-M ofrece nos obligan a ponernos de forma inmediata manos a la obra:

APREMIA LA CONSTRUCCIÓN DE UN FRENTE DE IZQUIERDAS
  Tras el trabajo sucio del PSOE, con la complicidad de las cúpulas sindicales, llega el PP a retomar la tarea.
  ·IU es incapaz de servir como referente de la lucha popular. Sectores de ella y del PCE lo perciben cada vez con más claridad.
  ·La izquierda alternativa no puede jugar el papel necesario como referente político sin abordar procesos de confluencia y enmarcarse en proyectos unitarios a nivel de Estado.
  ·Las luchas populares en curso y las que necesariamente vendrán con fuerza en los meses y años venideros necesitan articularse con un proyecto político que permita la acumulación de fuerzas.
   El tema nacional, las características tan radicalmente diferenciadas de cada territorio y la correspondiente presencia de actores sociales y políticos diferentes, determina que el Frente de Izquierdas, o es construido desde abajo y articulado con total autonomía desde cada nacionalidad y región, o no será.
  El Frente de Izquierdas no puede, por tanto, aspirar a ningún tipo de homogeneidad ideológica o política. Debe configurarse exclusivamente en torno a un Programa Común de mínimos, como el que se viene hablando en diferentes ámbitos.
El Frente de Izquierdas debe actuar, primero y prioritariamente, con el objetivo de constituirse en el referente de la lucha social como fuente primaria de su legitimidad.
  De ninguna manera debe aparecer como mero engranaje electoral, sino como instrumento para el fortalecimiento del proceso de acumulación de fuerzas, si bien, el más que probable adelanto de las elecciones generales podría ser un marco privilegiado para dar pasos en este sentido y comenzar a articular un referente apoyado en las luchas y los movimientos donde ya hay confluencias desde hace algún tiempo de diversas organizaciones políticas y sociales.
  Iniciar los contactos con organizaciones políticas, sindicales y sociales de cara a la constitución de dicho Frente es la tarea inmediata que debe realizarse en el conjunto de los territorios en los que hay presencia organizada, así como en el ámbito estatal.
En un escenario de crisis general profunda, sin salida, y con la burguesía de dentro y de fuera del Estado más decidida que nunca a llevar cabo su programa de guerra social en todos los frentes contra la clase obrera y los pueblos, sólo la correlación de fuerzas manda y sólo la acumulación de fuerzas en una lucha larga y dura puede detenerles y cambiar la sociedad.
 

 
< Anterior   Siguiente >