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Carmen Arcones, una vida de lucha - Nº 54 PDF Imprimir E-Mail

Redacción


 

  El pasado 22 de octubre  falleció en Madrid, a los 92 años, Carmen Arcones Grande, madre de Raúl Calero Arcones, militante de los GRAPO asesinado por la Guardia Civil el 26 de mayo de 1979, y de Joaquín Calero Arcones, actualmente en libertad tras 21 años de prisión. Esta madre, solidaria activa con los prisioneros políticos mientras su salud se lo permitió, fue fraternal y emotivamente homenajeada y despedida al día siguiente por un considerable grupo de familiares, amigos solidarios y vecinos en un acto civil, breve pero intenso, en el crematorio de la Almudena.
  el_otro_pais_enero_2011_pgina_02_imagen_0005.jpgSus hijos Carmen y Joaquín, sus dos nietos, Raquel y Aitor, y su sobrina Laura dieron lectura a unas breves palabras para testimoniar el agradecimiento de todos, presentes y ausentes, por la generosidad, sencillez y solidaridad con las que siempre se condujo en su vida. La gratitud de los asistentes se pudo hacer patente cuando estos familiares solicitaron a los músicos que, en su honor, tocaran “La Internacional”, siendo espontáneamente cantada por los presentes. Himno justificado y necesario para subrayar, como expresaron sus familiares, su condición de luchadora por la causa de los trabajadores, más allá de sus tareas de madre solidaria durante tantísimos años.
  Porque Carmen, antes que estos afanes de madre, ya había sido militante de las Juventudes Comunistas en tiempos del triunfo del Frente Popular, y tras el levantamiento fascista participó con entusiasmo en la resistencia, como enfermera en distintos frentes de Madrid. Durante los tres años de guerra, ya en la retaguardia, junto a la labor de propaganda, dio cursillos de cultura básica y tiro con armas a los milicianos que se incorporaban. En estas tareas conoce y trabaja con Dionisia Manzanero (una de las “Trece Rosas” fusiladas), surgiendo una estrecha amistad entre ellas.
  A la entrada de los fascistas en Madrid, estaba asistiendo a una escuela de formación de cuadros del PCE, al que ya había pasado a ser militante. Prosigue su actividad política distribuyendo clandestinamente propaganda del Partido y recabando ayuda para los presos y represaliados por medio de bonos de ayuda del Socorro Rojo Internacional; escuchando la BBC y copiando a máquina las noticias que sobre la marcha de la II Guerra Mundial ocultaba el régimen fascista.
  A principios de 1943 a punto estuvo de ser detenida al haber sido delatada. Desde entonces, perseguida durante años, pasó a llevar una vida clandestina, por lo que su familia sufrió detenciones, vejaciones y el acoso policial. Pudo eludir la detención y el seguro fusilamiento (como lo fueron las jóvenes de las “Trece Rosas”) gracias al apoyo de su familia y amigos y a su trabajo de costurera en casas particulares.
En esos años, su hermano mayor Lorenzo, por el que ella se había iniciado en las actividades políticas, huido a Francia, había muerto de tuberculosis. Después de pasar por campos de concentración, había sido liberado y acabó participando en la resistencia anti-nazi desde su condición de comisario político del PCE y por su experiencia militar en el cuerpo de Carabineros del ejército republicano.
  En 1937, Carmen había contraído matrimonio, a la edad de 19 años, con Valentín Granda, capitán del ejército republicano, pero sólo pudieron convivir apenas cinco meses, ya que su compañero falleció por heridas de guerra. Posteriormente se uniría con Joaquín Calero González, también militante de las Juventudes Socialistas Unificadas. Éste había pasado dos años preso, condenado a muerte. Fue posteriormente indultado al no poderse probar su militancia política y su condición de teniente de tanques en el ejército republicano. De este segundo matrimonio nacieron sus tres hijos: Carmen, Joaquín y Raúl.

UNA VIDA DE LUCHA


  Desde que sus hijos varones fueron presos por sus actividades políticas, como madre, pasó a participar en todo tipo de actividades de apoyo a los presos políticos que organizaban las AFAPP (Asociación de Familiares y Amigos de los Presos Políticos). Ella misma y su hija Carmen llegaron a ser detenidas y presas durante unos días en la prisión de Cuenca por realizar un acto de homenaje a sus fallecidos hijo Raúl y su nuera Carmen López.
  Resulta imposible recoger en esta apretada reseña biográfica, el sinnúmero de avatares dramáticos y de anécdotas felices o dolorosas que vivió esta luchadora mujer. Desde la inmensa alegría y satisfacción personal, en medio del entusiasmo colectivo, que sintió por el triunfo del Frente Popular, por lo que suponía para una mujer joven las ideas, libertades y derechos que ese triunfo traía, al tremendo impacto que le produjo, como reverso de la moneda, ver a las tropas fascistas en las calles de Madrid, brazo en alto, después de esos tres años de entusiasmo colectivo y lucha abnegada por las libertades de las clases populares que entonces vio perdidas.
  Estamos seguros de que nada le habría hecho más feliz a esta mujer que saber que su paso por la vida con sencillez, humildad y generosidad admirables no va a quedar en el olvido. Ella misma se ocupó de pedirnos, el año pasado, en el homenaje a las madres de presos políticos que se realizó en Madrid, que su mayor deseo, después de tanto dolor y de tantos sacrificios hechos por ella y por tanta otra gente anónima, era que se recogiera el testigo de lucha y resistencia de su generación, que sus ideales de juventud y la causa a la que ella no había renunciado nunca estaban allí para ser conseguidas por las generaciones venideras.
  Ahora, por nuestra parte, nos parece de una obligación irrenunciable que este testimonio sea conocido, como su última contribución, para que otros hijos, otros nietos y bisnietos de otras muchas mujeres, de otras muchas abuelas que no pudieron hacerlo, llegue a su memoria como un valioso legado. Podría ser su propio pensamiento y sentir si decimos que, aunque momentáneamente derrotada, su causa vive, no ha sido ni va a ser olvidada nunca. No va a dejar de transmitirse a través de sencillos testimonios como el suyo, por el boca a boca, en secreto y en voz baja, o en público y a gritos.
  Aún, en los últimos tiempos, esta “jovencita costurera y luchadora”, siguió dando puntadas a banderas republicanas y a estrellas proletarias… Solidaria y generosa siempre. No quisiéramos terminar este testimonio sin sumarnos a ese homenaje ya realizado y, como dijeron sus familiares en aquel acto: “Cantemos una vez más el himno de lucha y libertad… Agrupémonos hoy, ahora, todos… en su recuerdo”.

 
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