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Cartas al Director


ALTAR, TRONO Y RPSOE PDF Imprimir E-Mail
El arzobispo de Santiago de Compostela, Julián Barrio, terminó el año 2009 derribando un muro de la catedral para abrir la llamada “puerta santa”. Fue el preludio al llamado “año santo” compostelano de este 2010. Después, el arzobispo pronunció una homilía, sin duda santa, en la que invitó a los oyentes a “mantenerse vigilantes frente a los ídolos”: ¿es concebible mayor idolatría que ese acto?
  Los historiadores aseguran, con absoluta unanimidad, que en esa basílica no están los restos del apóstol Santiago y sus compañeros Atanasio y Teodoro, por más que lo asegurase el papa León XIII, en 1884, en su bula Deus omnipotens. Por lo tanto, es una idolatría cuanto se relaciona con esa catedral y esos restos, y el arzobispo contribuye, una vez más, a embrutecer al pueblo con sus mentiras, a fin de tenerlo dominado mediante el opio de sus promesas para después de la muerte.
 vzquez_de_sola_feliz2010.jpg También habló el llamado nuncio del llamado Estado Vaticano, Renzo Fratini, quien leyó un mensaje del dictador de ese llamado Estado, el nazi Joseph Ratzinger. Daba consignas a los oyentes para comportarse conforme a sus dogmas: una injerencia más en los asuntos de España por el jefe de un llamado Estado extranjero, que no es más que un edificio, pero el Estado español le reconoce esa categoría.
  Encabezó la comitiva oficial en el esperpento el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, como delegado del rey de España. Una contravención del artículo 16:3 de la vigente Constitución, en donde se asegura que “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”, y por lo tanto, el rey debe mantenerse al margen de cualquier  manifestación oficial y pública de sus personales creencias religiosas.
Pero históricamente, en España ha resultado muy fructífera la alianza entre el altar y el trono. Se han apoyado mutuamente en instituciones como el llamado Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, alerta siempre para terminar en la hoguera el menor pensamiento de independencia con respecto a los dos pilares de la nación.
  Más censurable todavía es la presencia de José Blanco, ministro de Fomento en el Gobierno del partido llamado Socialista, aunque nadie cree que lo sea: por eso el buen humor popular ha añadido una R a sus siglas, y lo denomina Real Puchero Sociata de la OTAN y Europa (RPSOE). Este partido y este ministro contribuyen así al envilecimiento del pueblo, manteniéndolo en la idolatría y la falsedad.
  Pablo Iglesias, fundador del Partido Socialista Obrero Español, era gallego, pero nadie se lo puede imaginar yendo a ganar el jubileo a Compostela. Claro que tampoco es imaginable que fuese ministro en un gobierno de su majestad católica. EL PSOE de Pablo Iglesias era un partido de clase, marxista, republicano y ateo. Los sociatas que están usurpando esas siglas honradas debieran fundar su propio partido, puesto que son señoritos, capitalistas, monárquicos y catolicorromanos.
¡Qué año santo van a darnos el arzobispo, el rey y el partido! A no ser que el pueblo despierte del opio de la misa y el fútbol dominicales.
Arturo del Villar

 
UN SAGRADO ESPERPENTO NACIONAL (nº 48) PDF Imprimir E-Mail
Un sagrado esperpento nacional   Su eminencia retrogradísima el cardenal Rouco dio instrucciones a los fieles catolicorromanos de España para que, el 21 de junio de 2009, se renovara la consagración del reino al Sagrado Corazón de Jesús. La primera tuvo lugar el 30 de mayo de 1919; la eminencia madrileña ha querido conmemorar los 90 años del evento, ante el fundado temor de que no sea posible celebrar el centenario.

 

   Fue una monja histérica la postuladora de la consagración. Dijo que se le había aparecido el Corazón de Jesús, y le había anunciado que deseaba reinar en España. La historieta era increíble para cualquier persona con sentido común, porque ningún corazón anda suelto por muy santo que sea, porque asegura la Biblia que Dios no hace acepción de personas, ni por lo tanto de reinos, y porque a ningún ser celestial se le ocurriría querer reinar en este país, sabiendo el desprestigio de que goza la monarquía desde que la ocupan los borbones.

   Pero Alfonso XIII creyó o fingió creer en la aparición, dado que ostentaba el título de majestad católica, por concesión de su santidad el papa Alejandro VI, el más inmundo de los seres de su tiempo, a Isabel y Fernando y sus sucesores. En consecuencia, ordenó que en el Cerro de los Ángeles se levantase un monumento al Sagrado Corazón, al que consagraría el reino, siendo él su delegado mundanal.

   Los gastos ocasionados con motivo del nuevo esperpento nacional los pagaron los súbditos, como es lógico. El monumento es horrendo desde la crítica estética más benigna, un verdadero espanto, además del sacrilegio que representa levantar una estatua a una supuesta divina víscera, en contra del segundo mandamiento divino según el Éxodo.

   Se suponía que, al reinar el Corazón de Jesús en España, el reino quedaba protegido contra todos los males, y el rey que ostentaba el cargo por delegación celestial iba a ser el más feliz, justo y duradero de los monarcas. Sin embargo, cuatro años después, el rey perjuraba la Constitución que había jurado guardar y hacer guardar, y no habían transcurrido ocho más cuando se vio obligado a salir huyendo del reino.

   Para España tampoco fue beneficiosa la consagración, porque si en un principio se libró de la monarquía, después padeció una sangrienta guerra, y como consecuencia de ella, una sanguinaria dictadura. Parece que la monja histérica se equivocó.

   Está claro que en el cielo no fue bien acogida la consagración. Sin embargo, el cardenal Rouco repite la escena, para aprovechar la oportunidad de hablar ante micrófonos sumisos, y lanzar una vez más su mensaje apocalíptico. Ha lamentado la “descristianización de España”, sin plantearse el motivo. No puede esperar otra cosa una Iglesia que alentó la sublevación contra el régimen constitucional, que bendijo a los combatientes y las armas rebeldes, que pidió a los fieles de todo el mundo apoyo para ellos, que les dio el dinero recaudado en sus templos por todo el planeta, que tuvo a los papas Pío XI y Pío XII a su lado, que vio a los cardenales y obispos hacer el saludo fascista junto a los militares sublevados, que los sentó en las llamadas Cortes del régimen, que sustentó la dictadura en todos su actos, que denunció a los patriotas demócratas, y todo lo demás que nunca olvidaremos ni perdonaremos. Sólo hay que esperar los resultados del nuevo esperpento perpetrado en pleno siglo XXI, mientras los ciudadanos de la Unión Europea (excepto irlandeses y polacos) se burlan de nosotros.

Arturo del Villar

Presidente del Colectivo Republicano III Milenio

 
Movilidad laboral: la exaltación de la incompetencia PDF Imprimir E-Mail
Buenas tardes, este lector nos envía una carta para su publicac Buenas tardes, este lector nos envía una carta para su publicac

     El fin de un trabajo eficiente es aquel que se realiza en el menor espacio de tiempo, la mayor seguridad, con el menor coste y la más alta calidad.

 

  El progreso de la técnica lo evidencia: el mando a distancia de la tele puede ser un ejemplo de eficiencia en ahorro de trabajo, ya que, de no existir, seguiríamos con el engorroso ejercicio de tener que levantarse del sofá una y otra vez para pulsar el botón de la infinidad de canales televisivos.

  La movilidad laboral es la antitesis de la eficiencia, ya que significa la aceptación de que un candidato a un puesto de trabajo deba recorrer distancias cada vez más largas para realizar un trabajo que pueden desempeñar otros candidatos del mismo oficio de las zonas adyacentes. Se da el caso, en progresión, de que una ingente marea de trabajadores del mismo gremio deban desplazarse, de su barrio a otros barrios de su ciudad, o a otras ciudades o pueblos de otras provincias o países, mientras otros realizan los recorridos a la inversa, así, al horario de la jornada laboral, hay que añadirle varias horas de trayecto no remunerado.

  El Ministerio de Trabajo debería recibir los cursos y la formación adecuada, para buscar la eficiencia en la movilidad laboral, como lo está en formar y buscar la eficiencia del trabajador dentro de la empresa. Si el Estado se hiciera cargo: por un lado, de los costes de la gasolina, del desgaste del vehículo, del tiempo invertido en los trayectos, del tiempo expuesto a un accidente de tráfico, de la merma en la conciliación de la vida familiar… Y por otro, cuando la distancia del puesto de trabajo, representa tener que trasladar tu domicilio a otra provincia y dejar a atrás a familia, amigos, ambiente, y los costes y molestias añadidos como compra o alquiler de un nuevo piso, y los costes para amueblarlo, electrodomésticos, aparcamiento para el coche, viajes de fin de semana para ver a la familia, etc. Incapacidad que paga la administración con los costes de la continua ampliación de carreteras, puentes, túneles, autopistas… para dar cobertura a la marabunta automovilística que cada día traga más millas de asfalto y satura las carreteras. Todo esto tiene la misma lógica: como si un pintor, en lugar de acercar el cubo de pintura a mano de la zona donde la aplica, fuera de un extremo al otro de la fachada para mojar la brocha en el cubo.

  También se puede dar el hipotético caso de que tengamos unos trabajadores tan súper cualificados que no se puedan sustituir por otros. Pero viendo sus salarios, eso suena a ciencia ficción. La movilidad laboral es un caso flagrante de incompetencia por parte de la Administración, por no poner a disposición del trabajador y las empresas un listado de proximidad, a fin de que los trabajadores pudiesen intercambiar sus puestos de trabajo para hacer más eficiente su movilidad.


Antonio Canaves Matín

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¿Por qué no te callas y te vas? PDF Imprimir E-Mail

   Hace unos meses se habló durante unos días de Sophía Margaríta Viktoría Frideríki, la consorte del Borbón, de la cual conocíamos  su talante muy conservador pero que, posiblemente por prudencia política, le habían aconsejado que se limitara a relatar el anecdotario familiar, sobre sus nietos, sobre sus vacaciones en sus barcos de vela o  lo que se divierten con nuestros dineros  en Baqueira Beret. Pero... ha hablado de la vida cotidiana y lo que ya intuíamos y sabíamos ahora se ha plasmado y escrito con su visto bueno, y al que haya sorprendido lo que ha salido por la boca pecará de ingenuo, porque visto lo visto, lo extraño habría sido que hubiese dejado ver algún atisbo de progresismo en sus palabras.
Ha vomitado tantas y tantas proclamas ultraconservadoras e insensateces, que muchas de ellas han pasado de puntillas por articulistas y tertulianos, quedando relegadas a un segundo plano.
 Por ejemplo, ha hablado de su admiración por alguien como Ronald Reagan, manifestando que ha sido el mejor presidente que ha tenido EE.UU. La consorte de Juan Carlos admira a un personaje que apoyó a regímenes que se saltaron los derechos humanos como el propio EE.UU. o los de Guatemala, El Salvador, Honduras,  o que financió a los asesinos paramilitares antisandinistas, admira a alguien que invadió, cometiendo una matanza, (entre ellos el asesinato de un periodista español), en la isla de Grenada o que bombardeó barrios civiles de Beirut o Trípoli. Curioso personaje al que admira tanto Sofía.
Eso sí, cuando habla del nuevo presidente, no se atraganta al comentar cosas como “Yo, más que partidaria de Obama, me siento muy satisfecha por la posibilidad de que un negro pueda llegar tan alto”.  Declaración que puede ser tachada  de filoracista y que también causa sonrojo ajeno.
Preguntada sobre la violencia machista, manifestó en el libro: “Ha ocurrido siempre. Ahora se informa más y con todo detalle. En cierto modo, se provoca un contagio, se dan ideas que otros imitan”. Vamos que sólo le habría faltado añadir “algo habrán hecho si las matan”

Javier Ruenes

 
Orgullo de comunista PDF Imprimir E-Mail
  Nací en Mora, provincia de Toledo, en 1930. Sólo fui al colegio en 1937 y 1938. Los fascistas ganaron la guerra y ya para los hijos de los pobres se acabó la escuela, especialmente para los niños con padres de izquierdas. A los veintiún años tuve un cartas_al_director_dic.jpgaccidente y me llevaron a Madrid, estuve ingresado en una pequeña clínica de la compañía Mapfre en la calle de General Sanjurjo. Tan mal nos daban de comer que cuando, a los dos meses, pude levantarme de la cama conseguí convencer a mis compañeros para hacer huelga de hambre. Después, sin contacto con Madrid, organicé en mi pueblo el Partido Comunista. Y desde entonces, en la brecha.
A estas alturas de mi vida creo poder manifestar el orgullo por lo que he luchado. Fui de los que llegamos al Partido pensando en darlo todo, jamás en recibir algo más que la satisfacción del militante.
Durante la Dictadura no vi en la lucha más que comunistas. Otros muchos me lo han confirmado; entre otros, el recordado juez Joaquín Navarro. Y esto, amigos, creo que no debería olvidarse en esas páginas, más en estos tiempos en los que tanto se habla de memoria.
Los comunistas hemos sido los más sacrificados y los menos oportunistas. Ciertamente, al comienzo de la Transición, el PCE aceptó la monarquía, pero para mí y muchos otros fue una dolorosa traición, bien que la bandera bicolor nunca la vi donde estuvimos y continuamos estando los comunistas. Allí, la roja siempre y, por supuesto, sin renunciar a la República. Salud.

EUGENIO LOPEZ REDONDO
Parla (Madrid)