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DON MARIO BENEDETTI
Dolors
Aguado i Martorell
Mayo
de 2009. Llamo por teléfono a un compañero y amigo de
vida azarosa, Víctor Calcerrada, y lo primero que me dice es
el entrecomillado del encabezamiento. Casualmente, Víctor,
Pepe Reli y yo jamás hablamos de Benedetti como tal, sino como
Don Mario, casualidad sin ninguna importancia pero que ha hecho que
vivamos su poesía y todo lo que atañe a este oriental
indómitode una manera muy especial, sobre todo por la
coincidencia.
Don
Mario nació en Montevideo en 1920, República Oriental
del Uruguay, pero residió casi continuamente en Buenos Aires,
dedicado a las palabras sin truco, palabras para comprender no para
entenebrecer,
“...si
escribe reforma agraria,
pero
sólo en el papel,
mire
que si el pueblo avanza,
la
tierra viene con él
...si
está entregando el país
y
habla de soberanía,
quien
va a dudar que usted es
soberana
porquería
no
me gaste las palabras,
no
cambie el significado,
mire
que lo que yo quiero
lo
tengo bastante claro
no
me ensucie las palabras,
no
les quite su sabor
y
limpiese bien la boca
si
dice revolución.”
“Las
palabras”
Su
primer libro de poemas, “La vida indeleble”, y su primera novela,
“Quién de nosotros”.
Personalmente
destacaría “La tregua”. Editada en veinte países y
traducida a más de trece idiomas, es la más conocida y
de mayor éxito de público: frustración, ausencia
de perspectivas de la clase media urbana. “Gracias por el fuego”,
prohibido largamente por la censura argentina y, tras el golpe de
1973, también por la uruguaya, narra el conflicto de una
generación que quiso acabar con la corrupción y el
conformismo. Es una historia de ignominia y de muerte, a la vez que
la crónica de una impotencia colectiva y el inventario de una
crisis moral.
En
1996 se publicó en Montevideo y en España la biografia
realizada por Mario Paoletti, “Benedetti el aguafiestas”. De
lectura obligatoria, la columna en este número de Joan Ramos.
Debido
a la inestabilidad económica familiar, pronto tuvo que
trabajar, completó sus estudios secundarios como alumno libre.
Esto le permitió a fondo seguir escribiendo y leyendo:
Maupassant, Chejov, Horacio Quiroga y, más tarde, Faulkner,
Hemingway, Joyce, Henry James, Proust, Virginia Woolf, Italo Svevo.
Literatura uruguaya y latinoamericana, además de textos
políticos que añade a su intensa labor de escritor y
periodista suma una cada vez más activa participación
política. En 1971 fue uno de los fundadores del Movimieno de
Independientes 26 de marzo, que integrará más tarde el
Frente Amplio.
En
1973 debió abandonar su país tras el golpe militar
patrocinado por la CIA. Doce años de exilio peregrino por
Argentina, Perú, Cuba y España dejaron huella indeleble
en Don Mario, trasterrado de su amada tierra. Quizás por eso,
cuando fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de
Alicante en 1997, nos presentó uno de sus últimos
poemas de entonces, “Zapping de siglos”, dedicado al siglo que se
deshilachaba en el calendario y prospectiva del venidero en el que ya
estamos hoy instalados:
“tendremos
el derecho de inventar un desván
y
amontonar allí,/ si es que nos dejan,
los
viejos infortunios,/ los tumores del alma...
¿cómo
vendrá la otra centuria?
¿siglo
cualquiera? ¿siglo espanto?
¿con
asesinos de juguete
o
con maniáticos de verás?.....
el
siglo próximo aún
una
respuesta insecrutable
los
peregrinos peregrinan
con
su mochila de preguntas... ”
No
sé si la mochila de preguntas tendrá su zurrón
correlativo de respuestas, pero para poder navegar por el siglo,
seguro que contaremos con Don Mario, con el que tenemos un viejo e
inquebrantable trato.
“es
tan lindo
saber
que usted existe,
uno
se siente vivo
y
cuando digo esto
quiero
decir contar
aunque
sea hasta dos,
aunque
sea hasta cinco,
no
ya para que acuda
presurosa
en mi auxilio
sino
para saber a ciencia cierta
que
usted sabe que puede
contar
conmigo”
“Hagamos
un trato”
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